Por la mañana, por la tarde, por la noche… Calor en el metro

12 abril 2019

En el metro, por la mañana, siempre hace mucho calor. Da igual la época del año. Da igual que lleve puesto el aire acondicionado -o eso dicen en verano que llevan-. Da igual que viaje poca gente -en realidad, en el metro siempre viaja mucha gente. No saben ocupar los vagones a todo lo largo, y se apilan en las puertas con un recurrente “me bajo enseguida”, como si no todos fuéramos a hacerlo para quedarnos a vivir en el tren porque hace calor-.

Por tarde también lo hace. Y también se viaja apilado. En vez de Metropolitano, el metro debería llamarse “compañía de llevar sardinas”. El olor a salanzón rancio ya va en los vagones -y un poco alguna gente que hace un uso demasiado moderado de la ducha y el desodorante- La tarde en el metro tiene la ventaja de que falta efusividad -la gente vuelve destruida a su casa después de todo el día trabajando-suprime el ruido humano de la frescura -en toda la extensión de la palabra fresco, y de su antónimo-. Incluso con calor, los viajeros callan.

Y por la noche, en el metro, no hace frío ni calor. Si es que vuelves, estás deseando llegar, e incluso el calor importa poco. Y si vas, la emoción por llegar hace que el calor se te olvide. Así que bien.


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