Las he pasado putas…

30 enero 2019

El domingo 20, después de una noche en urgencias, me operaron una apendicitis con perforación que me había provocado a su vez una peritonitis. He estado ingresado 10 días. He tenido un drenaje, y me han puesto sueros, antibióticos, calmantes y vitaminas. No he podido comer nada la mitad del tiempo. Levantarme de la cama ha sido una aventura, y toser o estornudar una valentía que ha ido seguida, cada vez, de la sensación de un desmayo. Desde el primer día he tenido fiebre, la suficiente para que me hayan sacado sangre muchas veces para cultivos y estudios infecciosos. Al día siguiente de la operación me encontraba tan mal que me entró tanto miedo que hasta que no me recetaron un narcótico dos noches después no pude dormir.

Ha sido la peor experiencia de mi vida, física y emocionalmente, y espero no repetir nunca nada igual.

Mi madre no se ha separado de mi cama desde el domingo. Se vino de Santander en cuanto le avisaron de lo que me había pasado. Sin quejarse, levantándome, acostándome, duchándome, dándome de comer. Entrando por la puerta de la habitación a las 8 y marchándose 12 horas después. Llorando a escondidas cuando me ha visto llorar, y aún así animándome. Jamás podré hacer nada parecido por ella, porque no estoy seguro de tener ni su coraje ni su generosidad ni su paciencia. Y jamás podré darle las gracias tanto como merece.

Mi hermano Alberto ha cuidado de mi madre, que es tanto como haberme cuidado a mi. Mientras me operaban, y después, ha sabido mantener la calma para contar lo que me pasaba a quien preguntaba, y cada día ha sacado horas de su descanso para asegurar el mío. ¡Gracias!

Alfred no me ha dejado ni un momento. Ha dormido en un sofá, y ha sido recadero, enfermero, acompañante. Se ha encargado de Mini, y se ha encargado de mi casa. Ha estado desde el primer momento, adelantando un viaje de ocio por llegar a pasar la primera noche conmigo. Ha sido un amigo del alma que mi alma no olvida.

José Manuel ha sido ese apoyo que lleva siendo toda la vida, llamando, preguntando, preocupándose en la distancia. Le he sentido tan cerca como llevo años sintiéndole. También mi agradecimiento tiene que ser eterno.

Mi padre y mis demás hermanos han estado constantemente preocupados. Han preguntado mañana y tarde. Me han llamado cada día, incluso ya sabiendo cómo estaba, para darme ánimos y transmitirme tranquilidad. Han sido un apoyo vital en la distancia, fundamental.

Indalecio ha venido a verme cada día para insuflarme ánimos. Su compañía ha aplacado muchas oscuridades. Indalecio es buena persona, y un buen amigo.

No me han faltado palabras de mucha gente para sacarme del túnel sin fin de los temores, y que las heridas me hayan dolido menos. He sentido el apoyo de todos cuanto han estado preocupados por mi.

He sufrido lo indecible. Físicamente, pero sobre todo emocionalmente. He tenido dolores, mareos, más dolores, mil molestias. Pero también he tenido miedo. Mucho miedo. Me he sentido incapaz, indefenso, absolutamente vulnerable. He llorado hasta el ahogo. Las he pasado muy muy putas.

Ahora tengo que recuperarme. Con el tiempo que me haga falta, con todo el esfuerzo que necesite. Y tengo también que pensar la vida de otra manera. El bienestar físico es volátil, hay que disfrutarlo cada momento. El sábado 20 salí de mi casa pensando en volver en un rato, y he tardado 10 días en regresar. Quizá me tenga que pasar otra vez algo parecido, pero tendré que estar preparado para afrontarlo de otro modo. Tengo 50 años, no puedo permitirme mas sustos.

Gracias a todos los que se han ocupado y preocupado de mi. Gracias de corazón, con el corazón en la mano.


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