Calcetines, turrones y rock and roll

Llevo un mes buscando calcetines. Pero algunos chulos, de colores, no esa tristeza de negros y grises oscuros que parece obligado ponerse en invierno. En algunos comercios les ponen topos rojos y azules y amarillos como intentando darles vida, pero ni con esas. Siguen siendo viejunos y rancios. He encontrado alguna tienda que se dedica solamente a venderlos. Ahí si que hay diversiones, y un montón de frikismo. Puedes encontrar de todo. Eso si, no puedes llevarte más de un par, salvo que seas rico o el mes correspondiente te de igual comer menos, porque de los 12€ el par no bajan. Seguiré buscando, porque yo de negro no le visto…

En los supermercados están los estantes de las cosas de Navidad que arden. Y la gente se lo va llevando ya, que estará todo cojonudo cuando lleguen las fiestas. Si está, claro, que poca gente puede resistirse a un turrón de chocolate con miel, almendras y menta. Cada año sacan un turrón nuevo, a cual peor y con una combinación más extraña que los del año anterior. Y la gente los compra “para probarlos”, que es la nueva engañifa de los supermercados: poner muy a mano los inventos modernos de la alimentación para que al menos una vez nos los llevemos. Aunque luego comiéndolo las arcadas sean épicas y de campeonato.

Con el invierno y el frío y esas cosas, los outfit imposibles de pantalón corto, camiseta de tirantes y chancletas dejan paso a los de bufandas que parecen mantas, chaquetones con pelo, botas altas y pantalón tobillera con calcetín corto. O sea, la misma tontería que en julio a 32 grados pero en noviembre a 6. Y los mismos tontos, que la falta de luces no la arregla un cambio de estación. No es España país de lumbreras, y las modas lo acreditan siempre. Yo, con este frío, seré feliz cuando encuentre calcetines de colores…

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