¡Han vallado la finca!

29 agosto 2018

1️⃣ Hace 3 años y 15 días (el 14 de agosto de 2015) envíe una carta a la alcaldesa ‪@ManuelaCarmena‬ denunciando el estado de abandono de una finca frente a mi casa. Empezó un camino administrativo en el que no he cejado.

2️⃣ El solar abandonado se había convertido en una escombrera y un basurero, el donde sacar a los perros sin recoger sus cosas, y desde enero de este año, un aparcamiento. Olores, bichos, insalubridad y molestias.

3️⃣ Con mi carta de 2015 se abrió un expediente de infracción urbanística al que cada 2 meses en este tiempo he añadido escritos de recordatorio, nuevas denuncias y la reiteración de una petición: que el dueño limpiara la finca y la vallara.

4️⃣ Gracias a mis denuncias, además, el ayuntamiento averiguó que era dueño de casi medio solar. Con mis escritos conseguí que lo limpiaran de maleza en verano y que retiraran enseres y escombros cuando alguien los abandonaba.

5️⃣ Hoy POR FIN LA FINCA SE HA VALLADO. Y no quepo en mi de emoción. No me he rendido, he sido persistente, y lo he logrado. 1.110 días después de mi carta he conseguido lo que era justo y hacía falta. A pesar de la administración y del procedimiento. ESTOY ORGULLOSO.


Casi me roban el coche…

16 agosto 2018

Me han intentado robar el coche. Alguien (solo o en compañía de otro u otros cabrones con pintas en el lomo) han roto la manija de la puerta trasera del conductor (en la izquierda, la derecha para la policia que rellenó la denuncia -culpa mía no haberla leído dos o tres veces, pero mi interés estaba en acabar cuanto antes en la comisaría para dar el parte-) y la única cerradura que tiene el coche (siempre hubiera jurado que había dos, una en cada puerta delantera). No consiguieron acceder al interior para llevarse o el coche entero (ya ves tú, un diésel de 2005 sin pegatina ecológica de esas nuevas y que a partir de 2019 no voy a poder mover por dentro de la M30) o la nada que tengo por los huecos de los asientos (para limpiarlo y dejarlo aspirado no creo que se entretuvieran a intentar abrirlo).

Me ha tocado un taller a unos cómodos 20 kilómetros de casa, en un polígono industrial con más talleres y fábricas de cosas, y creo que una cafetería a la entrada. Ya le advirtieron allí que la reparación pronto no va a ser. Que si lo que tardan en llegar las piezas (que las deben traer de Alemania a caballo), que si es agosto, que si el técnico se va de vacaciones (y no hay más especialistas en cambio de bombín), que si la abuela fuma… Unos 15 ó 20 días, que con los imprevistos habituales en España será un mes.

Y gracias al retraso en la tramitación, he aprendido cómo la hacen. Un técnico del taller saca fotos, y con un presupuesto las manda a la compañía. La compañía se las reenvía a un perito externo independiente (¿la aseguradora no se fíe de su propio criterio, ni del personal del taller concertado?). El perito externo evalúa los daños y mira si el presupuesto de reparación se ajusta a lo justo. Si da el ok, la compañía manda la aceptación al taller, que entonces pide las piezas y da cita oara llevar el coche. Todo rápido y sencillo…

En fin. Hoy me han avisado de que ya todo está en manos del taller. En octubre, cuando lo lleve a reparar, os sigo contando…


Hacerse viejo, y verlo en los tobillos

8 agosto 2018

Estando ayer en la peluquería, mientras me cortaban el pelo, me vi las piernas reflejadas en el espejo, esa zona donde doblan hacia el empeine, y me di cuenta de que me estoy haciendo viejo. Es verdad que me quedan aún años para ser parte de la tercera edad, pero he comenzado a recorrer el camino de la decrepitud, ese que lleva inexorablemente a la vejez, y de esta a la oscura ancianidad. La carne flácida y arrugada en mechones sin forma alguna definida, es la señal inequívoca.

Los años pasan y se acumulan en los lados de la tripa, pero también en los tobillos en la misma forma que provoca la retención de líquidos. Para precisar el paso del tiempo nos fijamos en el color del pelo, en la falta de tensión fácil, o en el grado de torsión de las manos, y se nos olvidan los tobillos. Y es ahí donde está la Justa medida de la caída libre que nos convierte en vejestorios. En los tobillos.

Me auguro un pasar de los años terrible. Creo que no voy a envejecer bien, no al menos con la cabeza. A medida que me vaya mostrando más incapaz, me imagino más frustrados, más enfadado y más triste. No necesariamente a partes iguales. Cada flacidez de la piel va a ser un disgusto, cada disgusto otro mechón de canas, cada mechón de canas una rabieta, cada rabieta una subida de tensión, cada subida de tensión una úlcera, y cada úlcera dos meses menos para acabar en un cajón barnizado de color oscuro forrado por dentro con guata y falso satén…


A %d blogueros les gusta esto: