Ir al cine…

5 marzo 2018

El domingo he estado en el cine. La película, “Sin rodeos”, de Santiago Seguro, es muy divertida, y Maribel Berdú está fantástica. Ahora, que el contexto es un horror, empezando por el precio: 10 euros uno encima del otro por dos entradas.

A la derecha, en la fila de abajo, tres señoras mayores que comentaban las escenas, y no acababan de apagar los móviles. Hasta el extremo de que a una de ellas le sonó en mitad de la película ¡y contestó! para decirle a quien llamaba que estaba en el cine y no podía cogerle (tal cual). Detrás, también a la derecha, una pareja con una bolsa de papel llena de más bolsas de papel con comida, que cada quince minutos agitaban durante cinco para sacar algo que meterse a la boca. A la izquierda, en la misma fila, una señora a la que también le sonó el móvil, que la mujer tenía en el fondo de un bolso de esos en los que entra media casa, y que tardó la vida en encontrar, sacar y parar. Detrás, a la par, una familia con dos padres y una chiquilla que tenían una de esas absurdas conversaciones padres-hijos incomprensibles que mezclan futbol, los Oscar, el mal tiempo y el sabor de las palomitas, todo a la vez, sin coherencia ninguna. Y el colofón, la mujer mayor que al acabar la película se cayó por las escaleras, y allí dejamos dando gritos esperando a que llegara una ambulancia y algún médico.

Hacía un montón que no iba al cine. Ha cambiado el sonido, los asientos, los precios de las entradas (por las nubes), los de los combos de palomitas y los refrescos (más arriba de las nubes), el orden de entrada, las salidas, pero no la falta de educación y saber estar de la gente que se cree que la sala es una mezcla entre el salón de casa, el comedor, y una telecine con puesta en común de lo que sale en la pantalla. Qué estrés…

 


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