7 cosas que hace la gente mayor (alguna) en el médico…

22 febrero 2018

Los viejos van al médico porque se ponen malos. Faltaría más. Con la edad, los achaques son muchos, inesperados y de larga duración. Pero también van los que no están enfermas. O lo están poco. O creen que lo están aunque ya les hayan dicho en las 15 visitas anteriores que no tienen nada. A estos va dedicado este post. Estas son las siete cosas que hacen cuando acuden a la consulta.

1.- Llegan una hora antes de la de su cita. Y preguntan por qué hora van, y a qué hora tienen consulta el resto de pacientes que están esperando. Esto último lo van repitiendo cada 10 minutos, y lo preguntan a cada persona que se suma a la espera.

2.- Creen oír su nombre cada vez que el médico recita una lista de turnos con tres o cuatro personas. Y se tiran todo el rato hasta la nueva lista preguntando a quién han nombrado. Y a qué hora tienen cita, por supuesto.

3.- Intentan colarse con eso de que es un momento, que sólo van a por una receta. Y si cuela, se tiran dentro lo que se tarda en una operación de corazón, porque aún siendo verdad lo de la recete, aprovechan para una revisión completa.

4.- Cuentan a otros pacientes todos sus males. Y los males de los que se murió entre terribles sufrimientos un cuñado suyo, que coinciden plenamente con los síntomas que parece que tienes tú.

5.- Compiten entre ellos a enfermedades, reales o ficticias, presentes o pasadas, incluso futuras. Nunca nada es suficientemente grave para parar y darse por vencido. Si alguien puede tener algo, esos son ellos, y cuánto más malo, mejor.

6.- Se quejan de que haya extranjeros o urgencias delante de ellos en el turno. Que no han pedido ellos cita ni llevan toda la vida cotizando para ahora tener que esperar. Y lo hacen sin filtro, y en voz alta.

7.- Quedan en verse pronto y mejor, al cabo de dos o tres dias, que tienen que volver a por más recetas, más volantes y más dar la murga al médico y al resto de pacientes…

(Y se que allá llegaré, pero espero tener otro entrenamiento igual de lúdico pero menos molesto…)


Llevar muletas

20 febrero 2018

Llevar muletas envejece. Y no porque cueste un huevo moverse con ellas y acabes cansado como si hubieras hecho la San Silvestre vallecana calzado con castellanos. No. Cada vez que alguien me ha cedido el asiento en el bus o en el metro me ha tratado de usted. “Siéntese”. Que dan ganas de decir “mira bonito/bonita. Que se siente tu señor padre”. Se agradece el gesto -escaso, todo hay que decirlo- pero no así, coño. Es verdad que he cogido algunos kilos, y que voy a tomar das partes en chándal -que le he cogido un asco monumental-, y que hasta ayer no me he podido cortar el pelo, pero de ahí a empujarme al acabose de la tercera edad va un trecho -en mi caso de 20 años para llegar a 70-

Quiero creer que es cosa de algún mecanismo mental que une educación al hecho de dejar sentarse a alguien impedido. Pero vamos, que a mí me vale con un gesto de cabeza y una sonrisa. Para quedar bien no hace falta hablar. ¡Hombre ya! Alguna vez me ha podido el orgullo y he dicho que no, que me bajo en la próxima. Y claro, luego los dolores han sido épicos. Pero vale la pena. Mientras el dolor se quita con ibuprofeno, un ego herido tiene difícil cura.

(PD. Me he aficionado a los aguacates. En nada tendré la cocina llena de vasos con agua con pepitas trinchadas de palillos a ver si enraízan…)


La cajera…

12 febrero 2018

Moverse con muletas es un sindios. Pero como yo no me puedo estar quieto, voy al supermercado a hacer la compra. A veces en dos viajes. Me cuelgo la mochila del revés y voy metiendo las cosas. A veces, como el sábado, no todo entra bien, así que uso la barbilla para sujetar lo que se sale. Así llevaba yo dos pizzas, y un pan, y fruta, y croissants para el desayuno, y comida para la gata, y champú, y más comida de la gata, y crema para la cara… Cuando me percaté de que ya no podía con más, y que si me caía lo que ya llevaba iba a hacer el ridículo más aún que el de arrastrarse así por los pasillos, me encamine a las cajas. La última de la izquierda no tenía fila, y una señora estaba terminado de pagar. Allá que me fui yo, tac tac tac tac, con mi mochila a reventar y las pizzas en equilibrio inestable… para nada más llegar oírle decir a la cajera que “estoy cerrada, vaya donde mi compañera”. Y tan ancha que se quedó. No pude evitar pregúntale si no me había visto cargado como una mula y podido avisar antes. Murmuró algo, se puso roja, luego blanca, pero pasó de mí y al otro extremo que me tuve que ir con todo lo mío.

Fuego me salía por la boca, tanto que casi cocino las pizzas allí mismo. La nueva cajera que me tocó acogió mi furia con una sonrisa y resolvió mi queja con un “si llego a ser yo sí que te cobro”. Que de poco me sirvió porque la afrenta ya estaba hecha. Puse un tuit de queja y Mercadona (ay, se me escapó qué supermercados tienen los empleados menos empáticos…) me dijo que lo sienten y que lo trasladan a los encargados de la tienda (hoy he vuelto y me he dejado ver mucho, por si caía alguna disculpa, pero no ha dado resultado).

La venganza es plato que se sirve frío. Así que estoy esperando a volver a encontrarme con ella en caja. Le voy a hacer sudar lo que no está escrito, hasta marcarme imborrable en su recuerdo, hasta que se despierte cada noche soñando que le persigue el señor de las muletas y las pizzas…


Alargamiento de gastrocnemio medial

9 febrero 2018

Hola a todos.

Ya estoy operado. En realidad, ya estoy en fase de recuperación. Llevo tres semanas y pico caminando con muletas. Un sindios…

Os tengo que contar la operación, y las curas, y lo de la heparina (qué risa, qué dolores…). Cuando me quitaron los puntos (otro show), y lo de mutua (tela las mutuas). Estoy preparando el formato. Creo que va a dar para una trilogía de películas de risa.

De momento os diré que me he visto la cicatriz tres veces, y en las tres me ha dado un ataque de nervios y de ansiedad. Soy así con mis cicatrices… Ha quedado un amasijo de carne que la enfermera jura y perjura que se pondrá bien. Mi madre (un santa que se vino de Santander para estar conmigo) me va a comprar una crema de esas mágicas que venden en no sé qué pueblo para que se ponga tersa y suave. Mientras no le de alergia, yo feliz. Me han dicho que no le de el sol en verano. Largo lo fían, y si va tan bien como va no entiendo por qué a 6 meses vista debería estar tan delicada como para que no le dé el sol. Raro me parece. Será cosa de las cicatrices, pero a mí no me convence.

Fin. Que ya os iré contando. De momento voy camino de la mutua a una revisión de oficio. Ale.


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