¡Viva Santiago! (#Santander)

Ay, qué risa, qué frío he pasado en Santander, y cómo me he mojado ¡en julio!. Que viva el norte, que viva Santiago… Hacía unos años (los 5 que llevo en Madrid) que no estaba en el pregón y en el chupinazo (lo del cohete que anuncia el principio de las fiestas). De traca el desfile de casas regionales y de peñas. No podrá decirse que no es distinto a todo lo conocido, ni divertido. Además dura poco, con lo que la sensación de que alguien está haciendo el ridículo no da tiempo a que se te instale en el ánimo.

No pude ponerme cerca del balcón del ayuntamiento para ver quiénes lo ocupaban, pero se intuía reconcentrado de figuras, figuritas y figurines. Lo de salir a un balcón que da a una concentración de gente da para mucho fantasma, y mucho fantasmeo. Me dijeron que la alcaldesa estuvo bien, con un recuerdo a los pobres vecinos a los que les han tirado la casa en Tetuán (que ahora hace falta que se asuman responsabilidades y se ajusten cuentas, además de que se les reparen sus viviendas a la voz de ya).

Las casetas de la Feria de Día siguen siendo más de lo mismo, pero más caro. O sea, el pincho tirando a escaso y poco original, y la cerveza de cañero sabiendo a cerveza de cañero barata en un vaso de plástico. Esto está tendiendo a ir hacia un final agónico que llegará tarde o temprano sin nada que lo sustituya. Para imaginar hacen falta inteligencia y ganas de trabajar, y me parece a mí que en Santander gestores públicos con este perfil tan fino no hay muchos. José Manuel y yo hemos comido mucho queso de cabra, mucha cebolla caramelizada, mucha sardina de lata, pizzas con setas, y una exquisitez hecha con huevo que descubrimos que lo era cuando la yema se desparramó encima de la zapatilla blanca de Jomalaso, que por supuesto dio una arcada y dejó lo que le quedaba. Jajaja, pobre…

También hemos cumplido con la tradición de los Cariñena en las “ferias”. Muy vacías, con muchos huecos. Por no estar, este año no ha estado ni la noria. Puestos de vino dulce había tres, y en los tres hemos parado. Estupendos a 1,20€, con su barquillo para rechupetear la bebida. Las rosquillas de anís estaban a 2€ las 8 unidades. Se nota la crisis, y las ganas de vender: las hacen más pequeñas y a mejor precio, y así colocan más. Ya sé que tenemos rutinas de viejas, ya, pero mira chico, es lo que hay. Y al que no le guste, que se vaya a pasear arriba y abajo a la Cañada Real -Paseo de Pereda- (o a la mierda, que lo mismo me viene a dar).

En fin, este es el tema. Mañana, o pasado (o al otro) os cuento más, que ya me he aburrido. Hala…

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