El bizcocho…

Ayer por la noche hice un bizcocho. Madre mía, ni se parece…

No ha subido más que por los bordes, que incluso se han tostado más de lo debido -o sea, que se han quemado-. Por dentro no se ha hecho, así que el centro es un engrudo blando muy parecido a una quesada pero que solo sabe a harina. Y he tenido que tirar el molde a la basura, porque he usado uno que no estaba preparado para horno y se ha fundido con el calor. Como la masa no mejoraba, subí la temperatura y alargue el tiempo de cocido. Así que solamente con la luz que he gastado para el experimento podía haber comprado acciones de varias panificadoras y ser el dueño. Esta mañana, cuando lo he visto, se me ha caído el alma a los pies. Me ha costado Dios y ayuda sacarlo del molde, y quitar los trozos de papel de plata que se habían mezclado con la pasta en el fondo.

En fin, que me cago en el bizcocho y en la madre que le parió, pero que por mis coj**es haré uno que sea como los que venden en las tiendas o ponen en las cafeterías para desayunar. Y por supuesto que esto que me ha salido me lo como aunque me dure el dolor de estómago dos semanas. El orgullo es el orgullo…

(PD. Repasando la receta y mirando por internet he descubierto qué ha pasado. ‘1/2 leche’ es medio vaso de yogur de leche, no medio litro de leche… Todavía escucho a mi padre descojonarse de la risa…)

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