Estado de cosas (1)

El pie no se cura. El viernes vuelvo al fisioterapeuta a que me den ondas de choque. Y cualquier día de estos me entregarán las plantillas a medida que me he tenido que hacer. Están tardando porque la podóloga ha tenido que investigar cómo construir algo que me arregle lo mío, que por lo visto tiene tela. Cuando estuve con ella, le dije que siempre que me hablan de podólogos me imagino a una china que te mete los pies en un bol con peces que te limpian la piel a mordiscos, y después te arregla las uñas incrustándoles perlas y brillantes de colores. Si le hizo gracia no lo puso de manifiesto. Yo me descojonaba mientras lo decía, imaginándome las escena. 

Me subió a un chisme de cristal con espejos en la base y una luz que creaba un halo verde alrededor de la zona de la pisaba. Aquello era un sindios, con el color donde no debía de estar porque no piso como las personas. También me hizo caminar descalzo por el pasillo, ridículo todo a más no poder a la par que incómodo. No he contado que la podóloga comparte clínica con un dentista, así que cualquiera puede hacer una idea. Mientras uno arregla una boca, la otra toquetea unos pies adivinado la pisada. Con las puertas abiertas y los pacientes compartiendo sala de espera y un cierto estupor por el panorama…

Las plantillas son de geles sólidos y fibra de vidrio muy flexible. Nada que ver con aquellas de cuero, corcho y cartón que lleve cuando era niño para corregir los pies planos (que hicieron su trabajo, porque ahora menos planos los tengo sentidas las formas y con todos los defectos posibles). He escogido el negro, que combina con todo y dice la podóloga que es más sufrido. El azul oscuro no estaba mal tampoco… En fin. Que ya veremos cómo me va con ellas, que falta me hace alguna mejora que me veo cojo y vendiendo chocolatinas en el metro para subsistir (no sé tocar ni la flauta…)

(Continuará…)

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