Esta semana…

El martes vuelvo al traumatólogo. Me ha costado Dios y ayuda conseguir que me adelanten la cita que tenía para finales de mes. Cuando llamé para solicitarlo, la chica que me atendió me ofrecía el mismo día unas horas antes, o ‘ya, el día 30’. Me di cuenta de que hay conceptos, como el de adelanto, que no están bien asentados en el entendimiento de la gente. El caso es que el pie me duele mucho. Hay días que se hincha y se encaja en la zapatilla de deporte que casi no puedo ni sacarlo. Me palpitan los dedos, y me suben calambres hasta la rodilla. Las putas plantillas que me compré me obligan a caminar de no sé qué manera que tengo molestias hasta en la cadera. Que estoy hecho un Cristo, vamos. No voy a dejar que me operen, si es que para arreglar lo que tengo se opera. A lo más que estoy dispuesto es a otra infiltración y a visitar al fisioterapeuta. A ver lo que me cuesta hacerme entender con la médico…

10 días me ha llevado la aventura del intento de robo de coche de mi hermano. Contados desde que la grúa se lo llevó hasta que me lo han devuelto reparado en el taller. Ojalá al cabrón que quiso llevárselo, y que me robó una maleta. un bolso, un gorro de paja y unas gafas de sol, le salga un herpes en los genitales de mucho picor, sin cura y con difícil tratamiento, que le dure lo que le quede de vida. La policía no me dejaba poner denuncia sin una valoración de daños del taller, que necesitaba para comenzar la reparación del parte al seguro, que solamente lo abriría si previamente se les remitía la denuncia. Todo teniendo en cuenta que mi hermano, que es el dueño del coche y el titular de la póliza, está en Mexico trabajando, y que mi horario laboral es incompatible con el de cualquier sitio que no sea el bar de la esquina en el que tomo café. Con perspectiva, creo que he tenido hasta suerte de haberlo conseguido superar en solamente 10 días, y que no me haya costado un euro.

La semana que viene más…

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