Cuánto tiempo…

Hace mogollón que no escribo nada aquí. Me ha podido la pereza. Qué desgracia más grande ¿no?. Uno va para literato y le pasa esto, que no le apetece un pimiento sentarse a escribir. Si fuera Gala o Pérez Reverte, que viven de entregar folios a sus editores (y un poco del cuento de haberlos entregado hace tiempo) me debería preocupar, pero no es el caso. Esos notables señores tienen trucos y experiencia para domar la abulia. Yo solamente me tumbo en el sofá a esperar que llegue la inspiración, y siempre me pasa lo mismo, que me quedo dormido. Cuando me levanto me duele la cabeza del calor, o del frío que nunca falta una excusa para el dolor de cabeza, y no me apetece escribir. Y así en un bucle que dura ya ni se. Desgracias, risiones y fantasías que contar no me han faltado, la verdad. Ni tampoco novedades en mi vida (esas, si eso, ya mañana…). Lo que no he tenido ha sido tiempo para buscar tiempo, armarme de paciencia y ponerme a picar como un loco. La gata bien, por cierto. Sigue con sus celos dando por el saco, pero estas son las servidumbres de tener un gato. Esas y que no ayuda en la limpieza ni en la cocina ni a acarrear la compra. A cambio rasca la puerta a las 6 de la mañana pidiendo de comer, y eso no tiene precio…

He hecho una mudanza. Una semana llenado cajas, desmontando muebles, cargando el coche, moviendo el coche, descargando el coche, montando muebles y vaciando cajas. Todas no, que aún queda alguna en el salón, que estorba la pongas donde la pongas. La próxima no la hago, le pego fuego a todo. Uno no se hace cuenta de la cantidad de mierda que guarda hasta que no tiene que trasladarla. He acabado hasta el culo, además de con golpes en las rodillas, los codos, la cabeza, los tobillos y los dedos de las dos manos. Me he herido la frente, cortado en la pierna, machacado dos dedos (con sangre, que es más dramático y aparatoso). He manchado en un fin de semana más ropa que la que normalmente mancho en un mes. Ha sido una experiencia terrible, a la que sigue ahora la de descubrir todo lo que falla en el nuevo piso: ventanas que se caen a plomo (un tornillo pasado en una bisagra es una puerta abierta a la desgracia), rodapiés que no están sujetos a la pared, bisagras que no cierran del todo, bombillas que no funcionan, tiradores que se sueltan, lavabos que filtran agua, y un casero que se pone de perfil ofreciéndose a ir arreglando todo él, poco a poco, como si fuera de una tacada albañil, fontanero, carpintero, pintor y electricista. Muy español, por otro lado, tanto en lo de ahorrar en expertos como en creerse serlo. La verdad es que me quejo por vicio. No he perdido nada importante en el cambio, los golpes en una semana están curados, y en tres o cuatro meses ya me habré adaptado al nuevo piso (para entonces espero haber ubicado las cajas llenas que aún me queda por vaciar). Además tengo plaza de garaje. Qué más lujos se pueden pedir…

(He escrito a la alcaldesa de Madrid para ver si ordena que acondicionen un solar abandonado que tengo enfrente, y una zona de descanso que hay un poco más allá de mi portal, que lleva sin mantenimiento desde que era alcalde Tierno Galván. Ya me empeñé en que retiraran unos sacos de escombro de la acera, y después de 4 mensajes a la línea de atención ciudadana y una semana de espera, lo he conseguido. En este empeño tardaré más, pero por mis narices que lo consigo. Ya os iré contando).

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