Hala, pasé la ITV…

He pasado la ITV del coche. Es toda una aventura, a casi 60 euros el chiste. Rebuscando en internet encontré un sitio que tiene precios anticrisis, y solamente me ha costado la cosa 40 euros. Eso más el cambio del aceite y la revisión de ’24 puntos de control’, que han sido una tomadura de pelo. Lo he hecho en Aurgi, seducido por Mario Vaquerizo embutido en un mono de plástico cantando con una tal Rebeca entre las estanterías de una tienda de recambios de automóvil. El domingo, todo valiente yo, me lie la manta a la cabeza y pertrechado de un destornillador, unos alicates, una linterna y mucho valor me bajé a las 10 de la noche a sustituir un par de bombillas fundidas. Por supuesto, jodí lo que toqué. Las lámparas lucen que da gusto, pero el ordenador de abordo, ese puto chisme que no hace más que saltar alarmas y poner mensajes catastróficos en el panel de mandos, se activa en modo ahorro, y desconecta todo lo eléctrico en cuanto el coche está cinco minutos parado, y esto antes no lo hacía.

Advertidos estaban los colegas de Vaquerizo, a los que el puñetero coche no les dio la avería cuando han tratado de reproducirla. Tampoco han debido poner mucho interés en la revisión, porque resulta que me he traído una pega leve de la ITV porque la tercera luz de freno no funcionaba. Los juramentos se han tenido que escuchar en el otro lado del globo, aunque muy prudente yo, los he proferido a solas, en el aparcamiento, mientras despegaba la pegatina antigua del ok para poner la nueva (no salen tan bien como parece. Dejan pegamento y hay que frotar con alcohol para que la zona quede limpia y adherente). Lo cojonudo es que antes de ir hasta la inspección y al volver, he probado el asunto del modo eco y ya no salta. O sea, que el operario (intenté imaginarlo metido en el buzo de Vaquerizo, y todavía tengo el vello de los brazos erizado y el estómago vuelto del revés) me reparó lo estropeado, aunque no sea consciente de ello, pero me dejó sin luz de freno.

Como soy un campeón, nada más aparcar, he vuelto con mis herramientas de andar por casa al tajo, y después de varios tirones, algunos crujidos, y un par de exabruptos, he desmontado medio portón y manipulado la lámpara hasta que ha vuelto a lucir. De momento, porque seguro que algo me he cargado. Es imposible no romper nada en un coche moderno como te remangues y te pongas tú a hacerle cosas. Yo creo que las marcas ponen trampas invisibles para que no te veas en otra que acudir a los talleres oficiales para colocar dos bombillas en la matrícula que en Carrefour cuestan 1,50 euros, pero por lo que ellos no te cobran menos de 20. El caso es que ya está todo correcto, hasta la siguiente. Hasta 2.016 no vuelvo a tocarle más cosas, que además me he manchado de grasa las manos, y esto sale fatal incluso frotando mucho.

 

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