Anemia y citas médicas

Después de un mes tomando hierro en polvo, he recuperado los niveles normales de glóbulos rojos. Las analíticas están bien, excepto por una cosa llamada CK (cretatin-quinasa), que tengo disparada, con más de 100 unidades por encima del límite máximo. Me ha dicho mi médica (que me llama Javi, y me pide que la trate de tú -no sabe lo que odio los diminutivos en los nombres, sobre todo en el mío-) que no tiene mayor importancia, pero por si acaso me ha mandado hacer una ecografía del hígado ‘por si lo tienes graso’. Mi médico particular también me ha dicho que no me preocupe (algo imposible, por otro lado), que es una cosa menor. He mirado en internet, y no he entendido nada, o sea que haré caso a los médicos y me dejaré llevar hasta que me salga la enzima esta por los ojos a chorro. Cuando fui ‘al mostrador de abajo’ a pedir la cita para la ecografía, la auxiliar me dijo que me avisarían del día por teléfono o ¡mandándome una carta!. En el siglo XXI, la sanidad pública sigue citando por carta (y eso que el ‘volante’ de petición de la prueba pone que la mía es preferente). El día que abra el buzón y esté allí el sobre, con su sello y su remite, me va a dar un ataque de risa…

Hoy ha llegado la carta (me he tirado casi dos semanas para retomar el párrafo anterior). En un sobre con ventana (sin luces, porque le manda narices que en la era de internet y las nuevas tecnologías te citen a una prueba médica mandando un folio por correo, un servicio que, por otro lado, no siempre es tan eficaz ni funciona tan bien como la gente se cree). Y encima he tenido que llamar para cambiar la fecha, porque la asignada me viene fatal. Le dije a la señorita que me ha atendido por teléfono que no hacía falta que me enviaran nada otra vez, que ya lo anotaba yo en la misma hoja de la cita fallida. Había pasado por la mañana por mi ambulatorio, antes de abrir el buzón y ver ‘la carta’, para interesarme por la prueba. Incluso llegué a pedirle a quien me atendió que mirara a ver si era posible cambiarme la ecografía por una cita para una autopsia, porque a la vista de los plazos que manejan entendía más factible morirme antes de saber qué tengo, y tampoco es cuestión de perder la oportunidad de conocerlo incluso una vez las haya palmado. O no entendió la gracia, o directamente no le pareció buen chiste, y como buena profesional que debe de ser, ni le cambió el rictus de la cara. La que se meaba de la risa era otra señora al fondo, mano sobre mano, supongo que esperando la hora de salir por patas camino de casa. Tampoco me anuló la previsión de cita, que le pedí porque me dio un subidón momentáneo de calor y mala hostia, porque ‘no tengo acceso al fichero de citas’. O sea, un sindios esto de la gestión administrativa de la Sanidad. El caso es que por fin sabré dentro de un par de semanas si estoy embarazado o sólo son gases…

La gata ha crecido, o eso me parece a mí. No está gorda, que me da mal, pero sí la veo yo como más ancha de todo. Pesa incluso más, me cuesta sostenerla en brazos para hacerle carantoñas y achucharla, algo que por otro lado no le gusta nada, de lo que dan fe los arañazos y los mordiscos que tengo por las manos y los antebrazos. Supongo que es ley de vida que el bicho se haga adulto. Tiene ya más de dos años, así que seguro que está en su naturaleza dar un estirón. No me gustaría que se hiciera mucho más grande. De no ponerse del tamaño de una pantera que pasear por la calle con una correa asustando a la gente, mejor que se quede como está. Le encanta comer. El otro día se empeñó en que le diera algo del embutido que estaba yo picando, y se lo zampó tan rápido que le sentó mal y lo vomitó en tres sitios distintos, a cual con peor mancha. Se tiró toda la tarde acurrucada debajo de la cama, no estoy seguro de si por el malestar de estómago o por los gritos que pegué mientras limpiaba. La verdad es que el enfado se me pasó enseguida. Con la gata todo se me pasa enseguida, incluso las ganas de estrangularla cuando a las cinco de la mañana se pone a rascar la puerta del cuarto donde tiene el cajón de la arena y el cuenco de la comida, y me tengo que levantar para abrirla. Me hago viejo…

Los comentarios están cerrados.

A %d blogueros les gusta esto: