Gata Rigalindo…

Hola, soy ‘la gata’. IMG_4728El memo de mi dueño (él se empeña en decir que somos amigos y esas tonterías afectivas, sin pararse a pensar que soy un jodido gato que no tengo más sentimientos que los que me provoca el hambre, el sueño o las ganas de hacer mis cosas en el cajón de la arena) se ha dejado el portátil encendido mientras carga. Así que he visto mi momento para demostrar al mundo (en realidad a los cuatro que leen su blog, que no tiene pinta de ser como la última página de El Mundo que firma Carmen Rigalt, por mucho que él se crea otra cosa) que yo también puedo escribir tonterías. Total, vivo con él, y le veo hacer las cosas que hace. Y aunque paso mucho tiempo sola, cerniendo todo de pelo, yo también tengo mis vivencias. El ventanal que da a la calle principal llega hasta el suelo, he aprendido a subirme a la mesa del ordenador, y cuando la televisión está encendida, me tumbo como el que no quiere la cosa en el respaldo del sofá haciendo que miro a la nada. Entretenimiento, pues, no me falta.

Desde que al rey le dio por decir que lo dejaba, me tiene frita. Que si el pobre, que si mira tú lo que ha hecho, que a qué se va a dedicar ahora, que si qué va a ser de nosotros… Estoy hasta el tirirí de que cada vez que dan un reportaje en la tele sobre el asunto me agarre, me coloque en su regazo y me diga ‘mira, gata, atenta a esto, que es histórico’. Me encantaría decirle que histórico sería que me subiera unos buenos trozos de jamón del supermercado en vez de ese paté de salmón que me compra y que huele tan mal, pero no tengo el don de la palabra. Así que me jodo, aguanto un poco, y cuando le da la flojera aprovecho y salgo por patas. Yo me vengo dando una vuelta tranquilamente por el plato de la ducha y luego saltando por la encimera de la cocina, dejándosela llena de huellas de las patas, que se que le pone negro. Cuando lo ve, grita y me persigue chillando ‘gata mala’. Si no fuera un gato me descojonaría de la risa, pero claro, no tengo expresividad, así que me conformo con tumbarme tan larga como soy en la alfombra, y mirarle fijamente mientras limpia. Es muy divertido.

Incluyo la foto que me he hecho para ilustrar este reportaje. Que sea una gata no quiere decir que sea imbécil y no sepa que o demuestro que lo he escrito yo o habrá quien diga que uso un ‘negro’. Así además me igualo al mamón de mi amo, que se pasa el día retratándose para subir a Instagram. Él dice que lo hace para superar su trauma con las fotos, que no le gustan, pero yo creo que lo que le pasa en verdad es que tiene un ego desmedido, y no sabe cómo darle rienda suelta. Ya me jode (hablo como escucho que se hace, por cierto, y ni tan mal que no uso palabras más gruesas que escucho en casa cuando, por ejemplo, se pone a ladrar a las 8 de la mañana de un domingo cualquiera la mierda del perro de la vecina nueva del 5ºB) que me use para su frustración, pero qué le voy a hacer más allá de largarle algún arañazo haciendo como que me da miedo que me coja en brazos, y rezar para que se le infecte y le quede marca.

Bueno, por esta vez ya está bien. Me he divertido ‘mogollón’, que también le he oído decir al tonto este haciéndose el joven. A ver la cara de lila que pone cuando descubra que le he publicado en el blog. ¡Prometo volver!

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