Rainbow low

Qué frustración más grande. No he sido capaz de hacer a la primera una tortuga de gomitas. Fabrico pulseras de dos modelos, la de cola de pescado, y otra que se llama la inversa no se qué. Uso el telar ‘rainbow low’, que es un nombre muy sonoro, de teletienda americana. Me puse a ver un tutorial de la tortuga, en el que una niña con las unas pintadas de varios colores y con purpurinas, iba explicando cómo colocar las gomas, retorcerlas con el gancho y pasarlas de un lado a otro. No superé la primera fase, la del caparazón. No tengo gomas verdes, que son las que usaba ella, y me puse a hacérselo con azules, con lo que encima me enchoché con los colores. Después de colocar las cuatro patas (diez minutos pare entender cómo había que hacerlas), y entre gritos y sollozos, me rendí, y lancé el telar contra la cama (el Ipad en el que estaba viendo el video estuvo a punto de correr igual suerte). Y doy gracias a Dios porque la ventana estaba cerrada. Ya tengo localizado otro video de cómo hacer una mariquita, que sólo lleva dos colores y es más pequeña. A ver si con esta tengo suerte…20140422_140122032_iOS

(Dos días después…) Nada, ni para Dios. No hay manera. La primera mariquita que he hecho ha quedado fatal. A la cabeza se le han soltado gomas, y ha quedado asimétrica. Y la segunda parece un gurruño de tiras de plástico que se han pegado de estar mucho tiempo puestas al sol. El video explicativo estaba muy bien, para tontos. Con música de jazz muy relajante (que hace falta para la tensión de colocar en el orden correcto las putas gomas, y la de entrelazarlas sin que se te escapen del jodido gancho) y textos en vez de engorrosas voces con las instrucciones. Aún así ha sido imposible. Va a resultar que las figuras de gomas no son lo mío. Y me da mucha rabia, porque cualquier criajo es capaz de hacerlas, hasta sin telar, usando una pinza de la ropa o un tenedor con los dientes doblados. La verdad es que las manualidades nunca han sido lo mío. No me apaño bien. Y eso que gané una medalla de oro en ‘pretecnología’, aquella asignatura que daban en el colegio de curas en el que estudié (La Salle), donde te enseñaban a hacer loros con pirograbador (una cosa que se calienta con electricidad y quema la madera), dinosaurios con madera recortada con sierras ‘de pelo’, y circuitos eléctricos con bombillas en serie y en paralelo. El dinosaurio, por cierto, ocupaba un montón de espacio, y al cabo de unas semanas de estar acabado se desmontaba entero porque las piezas no encajaban bien y la cola se revenía, se soltaba y las hacía caer. Después de los años, no acabo de entender en qué se fijaba el profesor para poner la nota.

Los comentarios están cerrados.

A %d blogueros les gusta esto: