Un minuto…

Tres cajas. Una con las cosas que se van a devolver. Otra con las que se han de tirar. Y la tercera con lo que se quiere conservar. Y esta, un tiempo, guardada en un trastero. Eso dicen los que saben que ha de hacerse. Ya tengo lista la primera, y me he desecho de la segunda, pero no puedo llenar la tercera, no tengo fuerzas. Hay cosas a la vista, y muchas repartidas por cajones, pero no soy capaz de reunirlas y condenar el recuerdo a unos trozos de cartón escondidos en el fondo de un armario. Se que hasta que no rompa con ese pasado no habré pasado página, pero no puedo, todavía no.
 
Los días de tristeza son inmensamente tristes, y no encuentro consuelo. Ya no lloro, porque de tanto por qué hacerlo apenas me quedan lágrimas. Las preguntas tienen respuestas, y a ratos las conozco, pero también a ratos no las veo. Y me sigo sintiendo culpable. Culpable de no haber visto que estábamos de salida, que habíamos iniciado el camino hacia el final, que apenas quedaba tierra firme, que todo se acababa. Nos conocimos en un segundo, y en un segundo terminó lo nuestro.
 
Nos hacemos fuertes no siéndolo, y sufriendo. Pasando por lo que nunca creímos que habríamos de pasar, y para lo que no tenemos ni armas ni escudos. Me siento desnudo, sin argumentos, sin recursos, sin defensas. Aunque ha de pasar, sin remedio, ha de pasar.
 
Un minuto, solamente un minuto más…

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