Cuento…

Una princesa quería conseguir un esposo, pero que la amara realmente. Puso una condición a los pretendientes: se desposaría con aquel de entre los que aguantaran esperando 365 días con sus noches junto a los muros de su palacio. Acudieron centenares, pero con el frío del invierno, los calores del verano y el fin de los alimentos, al final, al volver diciembre, quedaba solamente un joven junto al muro, que adoraba a la princesa desde el primer día. La princesa, al ver al joven que permanecía, disfrazada lo espió e incluso le entregó agua y comida. Le miró a los ojos y se convenció que ese era quien de verdad la amaba. Se lo dijo al rey, que empezó los preparativos de la boda, y le hizo saber al joven que cuando se cumpliera el plazo, sería el esposo de su hija. El último día de ese plazo, antes de la noche, el joven se levantó de junto al muro, y regresó a su casa. Su madre, al verlo, le preguntó cómo no había podido aguantar una noche más, después de haberlo hecho durante 364, y tanto como quería a la princesa. El joven miró a su madre y le dijo: ‘madre, supe que me había visto, supe que me había elegido, supe que quería casarme conmigo, y aún así, no fue capaz de evitarme una sola noche de dolor. Alguien que no es capaz de evitarme un momento de sufrimiento, no merece de mi amor, ¿verdad, madre?’

Este cuento no es mío. Kristel, mi amiga Kristel (que sin tener por qué está preocupada por mí, y me anima, y me está ayudando a cuidarme desde la distancia y el inmenso cariño que me ha demostrado) me lo hizo llegar ayer (relato original) Hasta que el amor no se rompe y el corazón no se enfrenta a la realidad, seguramente uno no percibe hasta dónde quiere cada uno, y hasta dónde está dispuesto a evitar que por querer se sufra.

Hoy hace frío, mucho frío…

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