Va pasando…

 
He visitado la exposición de los ‘guerreros de terracota’ del emperador Qin Shi Huang. Maravilla pensar en la megalomanía de alguien que se hace enterrar rodeado de más de 8.000 figuras humanas y de caballos. Pasar a la eternidad también tiene sus gustos. No sé que harán conmigo cuando me muera, no estaré ni para verlo ni para quejarme, pero me gustaría tener también un mausoleo que dentro de 2.000 años sea digno de estudios, muestras y reconocimientos internacionales. Y que con ello se jodan los descendientes de todos los que hoy no me soportan. No concibo mejor manera de sobreponerme al tiempo.
 
No puedo dejar de las gracias a todos los que se han mostrado cercanos a mí en estos días grises que estoy pasando. De los que lo esperaba, y de los que no. Todas las palabras de consuelo y de ánimo que he recibido me están ayudando a buscar cómo sobreponerme. La tristeza y la amargura enraízan fuerte en el ánimo. Pero la desazón acompañada, es menos desazón. De corazón, mil gracias a todos. Cuando los tiempos sean menos oscuros, que ninguno dude que recordaré cada palabra y cada gesto. Incluso los que no ha habido.
 
Dicen los que saben que un duelo es vaciarse hasta separarse del todo, para volver a llenarse. Y no debe de haber trance más duro, ni más difícil. Las mañanas son un lloro eterno, y las noches, el mayor de los desconsuelos. Pero a cada día le sucede otro, y en el fango de la desgracia no se puede estar siempre. Lo se, aunque no quiera saberlo. Y que yo no soy más responsable que de haber sido yo, ni más culpable que de haber dado todo lo que he dado. También todo esto lo se. Ponerlo en el frente de mi pensamiento es otra cosa.
 
 ’Qué más da que la nada fuera nada
si más nada será, después de todo,
después de tanto todo para nada’
(Vida, José Hierro)
 

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