Alergias

Otra vez estoy de médicos. Me ha salido una nueva alergia a algo. Ha sido desde que paro en un bar nuevo del barrio, que pone tapas variadas con la cerveza. El primer brote fue brutal. Se me puso el cuerpo como el de un ecce homo, con ronchas que levantaban medio centímetro, grandes como la palma de una mano. El labio se me hinchó que parecía Carmen de Mairena. Y tenía problemas para respirar, con dolor en el pecho y en la mandíbula. Llegué a pensar que esto era un infarto, y me preparé mentalmente para lo peor. Me duró el ataque dos días. El segundo brote fue más leve: esta vez no me molestó la mandíbula.

La médico de familia (el de cabecera de toda la vida, vamos), que me llama Javier y me dice que se alegra de verme, me echó la bronca por no haber ido a las urgencias de un hospital con los primeros síntomas, porque por lo visto podría haber llegado a entrar en shock (exagera, seguro). A decir verdad, estuve a punto de hacerlo, pero me daba pereza preparar una bolsa de ropa con el neceser por si acaso me dejaban allí metido. Y si era cardiaco, de espicharlas, pensé que era mejor hacerlo en casa, con mi gata, mucho más cómodo y digno.

El viernes me hacen unas pruebas. La doctora cree que puede ser por algún alimento. A mi se me ha metido en la cabeza que es por la salsas del local este nuevo. Así que supongo que me inocularán venenos en los brazos (en realidad sólo en el izquierdo, porque en el derecho llevo mi tatuaje de una pantera y no estoy dispuesto a que me lo estropeen) hasta que alguno de los pinchazos se me ponga como si me hubiera mordido una cobra. Dejaré el apartamento bien recogido, y a la gata con comida y agua para unos días, no sea que me pegue un telele y me tenga que quedar ingresado (quizá debería llamar para preguntar si tienen wifi en las habitaciones…).

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