Madrid’2020

El sábado me tragué lo de la elección de la ciudad olímpica 2.020. Cambié los planes que tenía cuando en un zapping el mando se quedó trabado sin pilas en la retransmisión. Bueno, por eso y porque me apunté de voluntario de la candidatura de Madrid y qué menos que aguantar el tirón de la presentación, sobre todo porque no he ido a nada de a lo que me han invitado (no ponía que regalaran corbatas). Pillé a los turcos acabando, así que nada puedo decir de lo que contaron. Los japoneses estuvieron estupendos, tan teatrales y exgarados haciendo los discursos, moviendo mucho las manos, sonriendo y acabando las frases como actores antiguos. La princesa imperial estuvo más contenida, supongo que por ser miembro de una familia real donde parece que les meten un palo por el culo al nacer, y donde las mujeres caminan a saltitos cortos detrás de los hombres (es por la falda tan ajustada que llevan, atada con lazos tan grandes como ellas). El primer ministro habló de Fukushima, y de un fondo de una porrada de miles de millones de dolares que tienen para gastar en estadios, trenes de alta velocidad y hoteles. Los japoneses son tan austeros, y tan secos, que seguro que lo pulen bien. Lo de no poner sillas en los salones y en los restaurantes, dormir en el suelo directamente, y comer con palillos de madera ayuda mucho. Por cierto, que como quien no quiso la cosa, la princesa se ofreció para formar parte del COI, y ni colorada que se puso.

La delegación española estuvo soberbia. Samaranch Jr. es un tio atractivo y elegante que podría estar en el consejo de administración de cualquier banco, si es que no lo está ya. Que Rajoy hablara a gritos, como en lo mítines, y leyera unos papeles en español estuvo muy en su línea, no se le puede pedir más. Me gustó el presidente de la Comunidad de Madrid, sencillo, con buena dicción, y un discurso plano y discreto como los que le han permitido llegar a donde ha llegado. Era a quien mejor le quedaba el pañuelo en el bolsillo de la americana. Ana Botella puso la nota de humor, sin pretenderlo, con su peculiar inglés y esa épica referencia al ‘relaxing cup of café con leche in  Plaza Mayor’, que debiera convertirse desde ya en el slogan turístico de la capital. El resto, hasta el discurso del Principe de Asturias, no se pudo ver, porque una tormenta cortó en Buenos Aires el suministro electrico y el satélite dejó de mandar la señal (o eso han contado). Y del Príncipe qué decir, no soy objetivo. Esos ojos claros, esa barba tan bien cuidada, hablando en tres idiomas, y mirando a la cámara que tenía de frente. Soberbio. Obligué a mi gata, que se llama Collette, a ver el discurso del futuro Rey, y yo diría que cuando acabó estaba tan emocionada como yo, porque se agitaba mucho, maullaba y me empujaba con las patas. Que la sujetara apretada contra mi no creo que tuviera nada que ver.

A los señores que votan, que estaban escondidos en la parte oscura de la sala de presentaciones, sólo se les veía si preguntaban algo. Hubo un tipo que preguntó a las tres candidaturas lo mismo, algo de que si cambiaban los planes de instalaciones se comprometían a avisarlo a los Comités Olimpicos. Vamos, como que lo contrario tuviera mucha lógica, con los deportistas sin saber a dónde tenían que ir a competir si se cambian los estadios de sitio. Otro que preguntó varias veces fue Alberto de Mónaco. Como en su Principado debe tener poco qué hacer, se dedica a dar por el saco en el COI. A la candidatura de Madrid le preguntó por la idea de unas Olimpiadas austeras. Lo que viene a ser echando sal en la herida. Seguro que está picado porque a su boda no fue nadie de la Familia Real. Puro rencor.

Después de las presentación, y del papeo, fueron las votaciones, con aparatos electrónicos, muy siglo XXI. Las instrucciones de cómo hacerlo duraron diez minutos. Cuando al final votaron, es cuando se jodió el invento, Madrid quedó fuera, y apagué la tele para irme a tomar una ‘relaxing cup of café con leche’ para celebrar que a los incautos de los organizadores de la candidatura les habían vuelto a tomar el pelo los tipos del COI, que representan al mundo del deporte cuando hace años que no se ponen un chandal. El principe Alberto es el más claro ejemplo. No creo que con la tripa que tiene esté para muchas carreras ni para muchos saltos. En total, que no hay Olimpiadas en Madrid el 2.020. A ver ahora qué hacen con todo el merchandising del evento. Yo me comprometo a pasarme si montan un mercadillo en Madrid-Río (más lejos no, que me da pereza). Por cierto, que para la comparecencia ante los medios después del fiasco, Ana Botella se había cambiado de ropa y puesto un collarito de perlas. La Princesa de Asturias seguía con el mismo vestido institucional de color rojo. Ahí lo dejo…

Los comentarios están cerrados.

A %d blogueros les gusta esto: