‘Cagaleras’ en el Festival

19 agosto 2012

Por tuiter, que es por donde si no está de chistes o en plan poeta es por donde se puede uno informar de muchas cosas, he sabido que unas cuantas personas acabaron con una señora ‘cagalera’ después de comer algo en alguna de las casetas del Festival Intercultural de Santander. La organización tiene usuario en la
red (@festinaciones), y ya nos aclaró a los que les preguntamos que bah, ‘sólo’ habían sido 5, que el causante había sido un pollo, que estaban en contacto con ellos y que el asunto estaba ya bajo control después de que unos inspectores de Salud Pública se hubieran dado una vuelta por allí y certificado que todo estaba OK. Ah, y que para qué darle mas pábulo al asunto si ya estaba solucionado. O sea, que mejor callar ‘como putas’ que de dar una pauta a más posibles infectados que no saben que lo fueron allí, o que parar la rumorología, que siempre es más dañina que la verdad. Cuando algo afecta a la salud pública en un evento público con mucha afluencia de público hay que ser veraz y dar cuanta información haga falta. Con el silencio sólo se dará la sensación de que se oculta algo más grave que cinco desgraciados atados a la taza del water por comerse unos muslitos que estaban pasados de fecha. Y si no lo hace la organización debería hacerlo la administración, el ayuntamiento, investigando y en su caso sancionado, y luego contándonoslo a todos.

Estoy con revisiones médicas por lo de mi melanoma. El 6 me hice análisis de sangre (ya vuelven a poner algodón y esparadrapo en el pinchazo de la aguja), y el 20 una ecografía (del abdomen, que dice mi médico particular que no vale para nada teniendo en cuenta que el melanoma estaba en la espalda) y una radiografía. El 31 me darán los resultados. Me llamaron de la consulta el mismo día 6 para preguntarme si no me importaría cambiar la cita de consulta para el día 10 porque la médica se quería coger el día libre, y les dije que por supuesto que sí que me importaba, que bajo ningún concepto aceptaba el cambio y que si no podía verme esa dermatóloga que me viera otra/o. El tono desabrido que usé (los que me conocen saben que puedo resultar muy cortante) les debió de convencer, porque no ha habido cambio de fecha. Cuando la sangre me volvió a su sitio (reconozco que se me fue toda a la garganta), me percaté de que pretendían hacerme la revisión antes que las pruebas. Así va el asunto, que por mor de un puente fiestero de 4 días para un médico, son capaces de pasar consulta sin tener todos los datos. Y algunos hablan encima de copago…

(PE. Incorporo aquí la explicación que los responsables del Festival Intercultural de Santander me han remitido sobre el incidente con el pollo. Insisto en que la comunicación por su parte ha sido poco afortunada y reactiva, lo que debilita su respuesta porque llega cuando del asunto se ha hablado mucho en las redes sociales.

El pasado viernes, hubo un incidente, como bien dices, con una partida de pollo en mal estado en el stand de México. Cinco personas resultaron afectadas y desde el primer momento, la organización del festival ha estado en contacto con ellos, pudiendo certificar que todos se encuentran bien y que se ha tratado de un caso puntual. No ha habido ningún traslado ni ingreso.

“El sábado por la mañana, visitó el festival el Jefe de Salud Pública de la Consejería de Sanidad del Gobierno de Cantabria, retiramos la unica partida en mal estado y se sustituyó. Más tarde, a mediodía, visitó el festival el director del Departamento de Seguridad Agroalimentaria de la Consultoría SONINGEO, especializada en Seguridad Alimentaria, e igualmente certificó que se trató de un caso puntual con una única partida de pollo, y que la organización del festival había tomado las medidas oportunas (retirar el lote).

En ningún momento se ha cerrado ninguno de los stands gastronómicos del festival y todo funciona, como te informamos anoche, con total normalidad desde que se puso la solución que nos recomendaron y exigieron los inspectores. (Sustitución de la partida en mal estado).“)


Volar (10 preguntas)

8 agosto 2012

¿Por qué a las azafatas (perdón, tripulación auxiliar de vuelo) no se les entiende ni ‘papa’ cuando hablan por la megafonía? (en español da la risa, pero cuando largan en inglés es ya el despiporre)

¿Y por qué para la megafonía usan un teléfono, que han de hacer maravillas dándole la vuelta para emplearlo de micro, y no un micrófono de los de toda la vida?

¿Cómo es que los auxiliares estos sonríen tanto cuando ’siguiendo normas internacionales de aviación civil’ dan las explicaciones de seguridad, si no les hace caso ni Dios?

¿Por qué nadie mira que, efectivamente, debajo del asiento está el chaleco salvavidas? (yo lo hago siempre, y no compruebo la mascarilla de oxigeno porque hay que desmontar un panel, que si no…)

¿Por qué ofrecen esas toallitas de mano, que son puro alcohol perfumado, como si te estuvieran regalando un trozo del tesoro del templo de Salomón? ¿Y por qué todo el mundo la coge y la guarda furtivamente en el bolsillo, como si la estuviera mangando o fueran a reñirles por no usarla al momento?

¿Por qué en cuanto el avión se para y se apaga la luz de cinturones todo el mundo salta del asiento como si les quemara el culo, y se coloca haciendo contorsiones en el pasillo y malabares para sacar las cosas de los compartimentos de equipaje de mano (todo muy estrecho, muy bajo, muy angosto)? ¿Y por qué ya nadie se deja carteras con 200€ (por ejemplo) en el asiento…?

¿Por qué solamente unos pocos comandantes siguen dando a medio vuelo la información de la altura, la velocidad y el tiempo que te espera en el aeropuerto de destino, todo fundamental para garantizarte un feliz y provechoso viaje? ¿Y por qué saben tanto cuando todo va bien, y cuando hay turbulencias (en las últimas el estómago se me subió casi hasta el techo, y los que te dije se me metieron hasta los riñones) ni Dios dice nada para tranquilizar al pasaje?

¿Por qué siempre te toca en la cola del control de seguridad una pareja que no ha volado en su vida, y que se tira diez minutos adelante atrás, sacándose cosas de los bolsillos, y quitándose cadenas del cuello? ¿Qué entiende la gente por depositar TODO LO METÁLICO en las bandejas que pasan por el escáner? ¿Y por llevar la tarjeta de embarque prepara para enseñar, y no en el fondo de la maleta?

¿Por qué en todos los vuelos hay un ’guay’ que sabe de todo y lo cuenta en voz alta, menos de abrocharse y desabrocharse el cinturón de seguridad, que se lo tiene que hacer algún auxiliar de vuelo?

¿Por qué el conductor del autobús que te lleva a la terminal siempre tiene cara como de que le han jodido el día de permiso o le han hecho madrugar, y se venga llevando el cacharro por donde más baches y más curvas hay?

(Este post está escrito y publicado desde el aeropuerto de Barajas, donde la eficiencia de una compañía aérea me va a tener 4 horas haciendo escala de Santander a las Canarias)


Una de loros

7 agosto 2012

De la que subía para casa ayer, he caminado un trecho a la par de dos señoras entradas en años (y en carnes, pero eso sólo es relevante para sus maridos si los conservan) que se han tirado más de cinco minutos hablando de si coger o no coger un autobús. Me maravilla que algo así de a alguien para cascar tanto tiempo. Que si cojo ’el seis’, que si me vale el ’cinco’, que si para allí, que si no para allá, que si me queda medio bonobús. Y total, para al final seguir andando.

Por la mañana me pasó algo parecido en Valdecilla. Yo esperaba a que me sacaran sangre para unos análisis, y las dos viejas (a estás se les notaba mucho, la verdad) se enciscaron en una conversación sobre si se veían siempre allí (ellas iban a algo llamado ’hemodinámica’ creo), que si fíjate, que si lo importante es seguir yendo, que si ay que mala he estado, que si yo he estado peor. Me cambié de sitio porque el que se estaba poniendo malo era yo. Si a la espera, la aglomeración y el calor, encima le sumas las desgracias de los que te rodean, o pones remedio huyendo al fondo, donde las plantas y oculto entre ellas, o te acabas chinando. Cuando salí de allí, todavía seguían ellas dale que te pego con sus penas.

Reconozco que yo soy un cascante, pero vamos, procuro no dar mucho la murga a los de al lado. También es verdad que no es lo mismo enredarse en un bucle lengüetero con un amigo por la calle que en pegar la chapa en la sala de espera del médico. Yo sí que me iba a percatar de que alguien se cambia de sitio, y la depresión iba a ser de aúpa.


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