Y ONO me sigue toreando…

En el colmo de los colmos, ONO sigue, dos meses después, sin devolverme todo lo que me tiene que devolver. Después de casi una decena de reclamaciones, he podido saber hoy que me han compensado una deuda, que reconocen que no es mía, de diciembre de 2.009, por un servicio que no tenía contratado, a nombre de otra persona, con otro NIF y en otro domicilio. O sea, a todas luces una chorizada para la que no tienen justificación. De hecho, me dicen que no me mandan la copia del documento que acredite mi deuda, y que les he pedido varias veces, porque no existe.

Ya les he demandado ante la Junta Arbitral de Consumo, aunque como me advirtió el funcionario al que consulté, no están adheridos y rechazan siempre someterse a arbitraje de manera voluntaria (si lo estuvieran sería obligatorio el concurso de la Junta). Cuando eso suceda, me queda la vía de la Secretaría de Estado de Telecomunicaciones, que tarda casi un año en resolver sus asuntos. Y los juzgados ordinarios, a donde sería una rechifla tener que acudir por un débito que no llega a 34 euros.

Los consumidores, cuando contratamos servicios con compañías como ONO, estamos en manos de sinvergüenzas que nos torean y se ríen de nosotros. Nadie de sus departamentos de atención al cliente, que funcionan como el culo porque no te entienden lo que pides y te dan soluciones a los problemas que no tienes, se hace cargo jamás de sus errores. Estamos cautivos de un sistema de funcionamiento empresarial chulesco y prepotente que sólo busca captar los fondos que factura a los clientes, sin importar ni la calidad ni la satisfacción.

Alguna vez alguno de los teleoperadores que me han atendido han llegado a sugerirme que si no estoy satisfecho me de de baja. Más allá de lo que estas recomendaciones, viniendo de dentro, ponen de manifiesto sobre el alcance real de los intereses de la empresa y de los que trabajan para ella, buscar el cambio es un inconveniente en sí mismo del que precisamente se aprovechan para mantener sus comportamientos rayanos como en mi caso en el ilícito.

No tengo intención ninguna de rendirme. No tanto por el hecho de que esos euros son mis euros, que también, como por el de que estoy hasta las narices de que compañías como ONO me provoquen enfados que se convierten en dolores de estómago, ni ataques de ansiedad que me hacen perder peso. Tengo razón, y lo que más me jode es que me la dan sin dármela porque amén de unos canallas, son unos inútiles incapaces con una forma de gestión llena de agujeros que siempre nos ocasionan perjuicios a los mismos: a los consumidores.

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