Estoy de ONO hasta ahí…

Me tienen los de ONO que se me sale, que dice mi madre. O sea, hasta las mismísimas narices (en realidad hasta más abajo, pero suena un poco zafio). Por mi reciente cambio de domicilio, estos señores me generaron dos facturas del mismo importe: una de pago por los servicios a “mes adelantado” en la nueva casa, y otra de abono por la devolución de lo ya anticipado en el piso anterior. Vamos, que quedaba lo comido por servido, y todos felices. Me han mandado a casa la factura de cargo, que pasarán a cobro la semana próxima, pero no la de devolución, que está en el limbo. Llamé para reclamar, y después de media hora de tiras y aflojas con los operadores sudamericanos para entendernos (esto es sólo un dato, que ya se que forma parte de la rechifla colectiva pero que yo aporto objetivamente), me enteré de que la orden de pago a mi favor se dió el 21 del mes pasado, pero que la pasta no estará en mi cuenta hasta 15 días hábiles después. El importe, 52.10 euros, debe llegar hasta mi banco andando.

La reclamación quedó puesta, a expensas de que “alguien” del “departamento de cobros” contacte conmigo y me de las “oportunas” explicaciones. Y de que pasen los 15 días, claro. Por cierto, que para el pago, los clientes tenemos apenas diez desde que se genera la factura hasta que la cargan en cuenta.

Hoy me han llamado del departamento de reclamaciones, otra chica sudamericana (ver la explicación de esta aportación geográfica más arriba), para resolver mi queja por no haber recibido las doce noches de hotel que regalan al darse de alta. Me he quedado de piedra (cuando he recuperado el resuello he soltado ya un par de exabruptos). ¿De dónde se habrán sacado ellos esto? Por supuesto, de la pasta, que es lo que yo quiero que me devuelvan, ni idea.

En este país nuestro, donde se legisla para que los consumidores tengamos que dar mil vueltas para reclamar, y para que las grandes empresas como ONO nos tomen el pelo y nos atraquen con total impunidad por servicios deficientes (ya, ya sé que si quiero puedo darme de baja), las compañías se aprovechan de lo complicado que es conseguir de otro suministrador lo mismo o parecido en poco tiempo, y que a la larga va a dar tan por el saco como el que ya tienes contratado. De la administración, en esto poco puede esperarse (como de tantas cosas, dicho sea de paso)

Total, que se me tendrá que salir el corazón por la boca de la mala leche, y quedarme con la voz ronca de dar explicaciones (y gritos) a los operadores sudamericanos (¿será cierto que las centrales con los teleoperadores están en Marruecos?) para recuperar lo que es mío. Les he amenazado con una denuncia en la OMIC, pero me parece que se la trae al pairo. Qué pena que no nos juntamos los miles de descontentos y de un golpe les colapsamos las centralitas cancelando nuestros contratos. Eso, o que les caiga un rayo divino que les deje las instalaciones como quedan los hornos después de un par de usos. Sin heridos, eso sí.

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