Me compro una bici (y el cartel en la escalera)

Me voy a comprar una bici. Ya lo he decidido. Y después, me voy a quitar (que diría alguien mayor) del gim. Total, allí sólo hago ejercicio en la estática y unas abdominales, y con la cuota de tres meses amortizo la compra. Me ahorro el paso por el vestuario, los comentarios sobre futbol, mariquitas y pechugas de tias buenas, el desfile delante del espejo, la guasa machuna en la sauna, y el bloqueo mental justo en la puerta porque una parte del cerebro me dice que entre y otra que me vaya a tomar algo. Creo que salir con la bicicleta me va a dar menos pereza, y puede resultar más divertido que la sala de aparatos y de de tortura psicológica del gimnasio.

Por cierto, que mi jefe de escalera ha vuelto a colocar un cartel diciendo que según un real decreto de no sé qué fecha y el reglamento de correos, no se puede dejar propaganda directamente en los buzones de los vecinos. He buscado el real decreto y no doy con él, por lo que lo más seguro es que no exista y este buen hombre haya oído campanas que no son y se lo haya inventado. Y el reglamento de correos no hace mención de estas cosas, así que le voy a dejar una nota pidiéndole que cambie el letrero por uno que ponga directamente que no se pueden dejar los folletos porque a los dueños de los buzones no nos da la gana, que es lo suyo (ahora que lo pienso, soy casi tan friki como él confirmando que las cosas que escribe son correctas, ¿no? Ay, madre, en qué me estoy convirtiendo… ¿Os conté que en el último aviso nos dejó un “aprobecho” para pedir que los deudores pagaran las cuotas?).

(PD. Cuando cuelgo este post ya tengo mirada la bici y enviada la cancelación de mi condición de socio del gimnasio. Estas decisiones de ahorro hay tomarlas deprisa, antes de que se desplome el euro, Europa y la madre que lo parió a todo).

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