La homofobia sólo es cosa de tontos

Hace años estaba de moda tener un gay en el grupo de amigos. Le daba aire cosmopolita y de distinción. Los grupos “con un marica” siempre han estado a la vanguardia de la modernidad y la progresía. También es frecuente que cuando alguien se ve necesitado de justificar su posición sobre la homosexualidad ante un homosexual apele a que conoce a algunos, que además “son magníficas personas”. El adorno en un caso es la falta de coraje para reconocer reparos en el otro. Y las dos cosas, el rebozo con el que muchos esconden los traumas que gays y lesbianas les provocan.

Hace unos dias, dos chicos gays fueron expulsados de un local de Santander por mostrarse cariñosos. Sus caricias rompían ese equilibrio heterosexual de los golpes en el pecho, y perturbaban la verdadera conciencia de los camareros del tomacopas, que por el día es una cafetería para nobles ancianas del Santander de toda la vida. Cuando de fiesta dos hombretones de gimnasio se acercan demasiado entre sí, lo que dicen que hay es competencia animal. Si lo hacen dos chicos con una estética que les cuelga el sanbenito de gays, incluso aunque no lo sean, el corral se revuelve y lo más cómodo es ponerles en la calle.

La homofobia es un mal de la inteligencia. Entre la gente con formación y cultura, hasta la más conservadora, el respeto a la diferencia es un valor en sí mismo. La mofa de taberna y los chistes cuarteleros sobre homosexuales son muy propios de quienes se mueven por la fina frontera de la estupidez. Y desalojar de cualquier sitio público a dos personas del mismo sexo que se regalan afecto es directamente cruzar el límite para dejarse caer en el patético espacio que ocupa la más incontestable de las imbecilidades. La mediocridad intelectual tiene estos riesgos.

Cada vez que un tonto se mete con un gay o una lesbiana, los gays y las lesbianas ganamos en madurez, aunque duela, y la sociedad da un paso atrás en el dibujo de su convivencia. Y si además lo que hacen es echarlos de un garito porque su imagen confronta con el machismo de caverna, tan español y que vende tanto, lo que tenemos que hacer los demás es dejar de ir a ese sitio y recomendar que no se vaya. Yo ya lo he hecho.

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