Soy un neurótico

A ver cómo me explico para que no dé la sensación de que soy un histérico o un agonías.

Desde que me extirparon el melanoma y me abrieron la espalda para retirar más tejidos y asegurar la limpieza de la zona, le he cogido pánico a que me de el sol. Es sentirlo en la cara y salir corriendo a la sombra más cercana. No me pongo manga corta, así que voy cocido con sudadera (qué nombre más apropiado) o con chaqueta. Además, me repaso los brazos, el pecho, la espalda y las piernas cada mañana y cada tarde para ver si algún lunar ha crecido (y tengo la percepción de que lo han hecho todos y al mismo tiempo). Y cada vez que me veo la cicatriz (que ha quedado hecha un espanto por mucho que JM me diga que está estupendamente), me flaquean las piernas, se me nubla la vista y me sube el estómago a la garganta.

Tengo el umbral del dolor muy bajo, una tendencia suicida a regodearme en el sufrimiento, y una terrible aprensión con todo lo que afecta a mi organismo. Esto del melanoma no me ha venido nada bien. Por más que médicamente esté controlado, no dejo de comerme la cabeza con lo que me han quitado, con lo que me tienen que quitar (el 29 de septiembre me extirpan otro lunar que será o no será otro) y con las consecuencias que todo ello pueda tener en el futuro.

En la lucha entre la realidad objetiva (estoy bien) y la neurosis opresiva (no sé si estoy bien), ganan el agobio y la ansiedad. Ya, ya sé que cuanto más lo piense, cuantas más vueltas le de, más caeré atrapado en la espiral de la tensión psicológica. Pero yo soy así. Alto, de pelo oscuro, de ojos marrones, y un neurópata agitado que cae con la misma facilidad en la angustia vital que en el sueño en cuanto se tumba en su sofá.

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