Cambiar para volver

Hace años tenía yo guardada una viñeta que publicó El Mundo en la que se veía a Narcis Serra diciéndole a Felipe González “Felipe, renovarse o morir”. Felipe le respondía “Por mí, moríos cuando queráis”. Eran los tiempos de los guerristas, los renovadores, los turborenovadores, y el PSOE en caida libre.

El revolcón electoral del domingo, mucho más de fondo cuando se observan las consecuencias desde dentro y con perspectiva, vuelve a colocar al PSOE contra las cuerdas de su destino, y toca sin lugar a dudas afrontar otra renovación, que muchas veces ha funcionado en el Partido Socialista como algo así como una llamada a la sangre y a la venganza, y la garantía más palmaria de que todo cambie para que toda siga igual.

Hay que hacer cambios, muchos. Y esta vez nadie entendería ya una sucesión de personas, de ideas y de estilos para la proyección social basados en cuotas, repartos y familias. Antes tampoco, pero no era ahora, con el crédito social del proyecto socialista por los suelos y el hartazgo social tapando cualquier éxito de gestión.

La sensatez no siempre es una garantía para el éxito. Pero desde luego que no lo son ni las prisas, ni la superficialidad, ni los egoismos. Tampoco la negación de la corresponsabilidad, ni dilatar el debate con subterfugios. En el PSOE hay que reflexionar, discutir, renunciar, cambiar, reescribir, reofertar, reconstruir. Con la misma modestia que cuando se gana, pero con la misma euforia. Porque está en juego un proyecto que no es ni de los que están, ni de los que vendrán, sino de los ciudadanos.

No será todo tan dramático como cambiar o morir, pero sin cambios no habrá ni sosiego ni recuperación. A ello.

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