Mi vida en el gim (3)

Esta gente del gim son como bestias pardas. Ayer me puse con mi ejercicio de pectorales en un cacharro con unas palancas. Levanto a duras penas 25 kilos. Pero el anterior a mi había estado empujando ¡80! Así tiene él el cuerpo, descompensado, muy ancho en los hombros y escuchimirciado en las rodillas. De verdad que no sé de donde le sacan el gusto a esa estética corporal asimétrica. Ni la ropa que no sea el chandal, porque lo que les de de cuello no les da de manga, y desde luego les queda corto.

Después de dos semanas solos alternativamente, Zipi y Zape ya hacen deporte juntos otra vez. Zipi no tiene culo y se le notan las mollas. Zape es paticorto y canijo. Son de los fijos del club del muscular-salón. Cuando acaban con los aparatos hacen bici y charlan de fútbol y de chicas. A veces corren en las cintas, pero aquí no hablan porque se ahogan. Luego entran a la sauna, se duchan y a casa. Siempre juntos, y todo juntos. No por nada. Lo de los musculosos es muy de líder y gregario. Zape es el gregario, el pobre.

Se nota que llega el verano y que se quieren lucir brazos y pechos reventando camisetas de canalé, de tirantes, de los Telares o de New Yorker. Las máquinas están a rebosar de carne a la licra y al algodón levantando kilos. Hay que hacer cola, un momentazo ideal para calibrar cuánto metros cuadrados de pellejo poblarán las calles en cuanto los musculocos dejen el entrenamiento.

(PD. Hago 3 series de 15 abdominales. Excepto porque tengo unos dolores terribles que no me dejan dormir boca abajo, no he notado más cambios)

(PD2. Este post va dedicado a JOSFRE por seguirme con tanto entusiasmo como lo hace)

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