Mi vida en el gim (2)

El gim tiene algo de pasarela de Fashion-Week de la ropa deportiva, pero con todo prêt-à-porter, que lo único de alta costura es el valor de muchos al combinar los colores. Se ven sobre todo camisetas de propaganda, variopintas pero cómodas: que si Coca Cola, que si Citröen, que si Puertas Metálicas “El Hermético”, que si Bar Paco. Y tributos a los equipos deportivos favoritos: el Madrid, el Barça, el Racing, el Club Deportivo “Velarde” (patrocinado por “Carnicería Sancho, el mejor pollo de granja de Meruelo”).

Las chicas son más de algodón en tonos pasteles. Las licras quedan para los muchachos, sobre todo los que se aparatan, que así parece que musculan más sueltos (y se ven mejor en conjunto al mirarse en los espejos).

Los short (o sea se, los pantalones cortos) tiran a más normales. Los hay de flores, piratas, abiertos en los laterales para mostrar cacha, muy muy cortos y justos para mostrar… cacha también. Entre las mujeres se ven menos. Son más de pantalón largo a juego con las t-shirt (o sea se, las camisetas). En los chicos el pantalón largo de chandal sólo triunfa para ir y volver (y tratando de mancharlo lo menos posible para usarlo el fin de semana para salir). Ellos necesitan lucir cacha.

Por supuesto, los señores mayores visten una línea más clásica que combina camisetas publicitarias y pantalones de los que usaban los futbolistas en los años 70. Calcetines blancos altos, claro está.

Por cierto, que en dura pugna por el modeleo sport está la frecuencia de lavado de las prendas gimnásticas. Me apuesto lo que sea a que más de una sudadera es capaz de regresar ella solita a casa de su dueño a poco que este se empeñara en mostrarle el camino una sola vez. El color, y el olor, me aseguran ganar.

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