Timo, Amigo, hasta luego.

Desde que me afilié hace 20 años, el PSOE ha sido para mi, sobre todo, un puñado de rostros. Caras de gentes que siempre han estado ahí haciendo política, dentro del partido y en las instituciones, a las duras y a las maduras. Cuando voy a las asambleas, si cierro los ojos durante las intervenciones, recupero imágenes acumuladas en todo ese tiempo y muchos momentos pasados, porque las voces forman con sus rostros los recuerdos de mi militancia.

El martes, una voz se apagó y un rostro se ha diluido. Timoteo se recogió de nosotros y partió a donde seguro que va la buena gente. Un sitio donde hará lo que siempre hizo aquí: estar, apoyar, acompañar. Un sitio donde reír con él, donde llorar con él, donde sentirlo cerca y al lado. Un sitio donde ayudar, siempre dispuesto, siempre risueño, siempre animado.

Timoteo estaba cuando yo llegué, y nunca dejó de estarlo. Fuimos compañeros, y lo tuve por mi amigo. Siempre me trató con cariño, el mismo que daba a los míos, sin distinciones, sin prejuicios, sin condiciones. Timoteo era buena persona, un hombre de corazón grande y generoso que nunca decía que no podía. Lo he pasado bien con él, y lo he pasado mal, pero jamás se puso de lado para escapar de nada, ni se escondió detrás de ninguna excusa. De frente, de cara, con la vehemencia del que se cree lo que defiende, con lealtad a sí mismo, que es la única forma de ser honesto consigo mismo y con los demás.

La vida es así de puñetera, y se ha llevado por delante a Timoteo. No es justo, nunca lo es. Pero lo que no podrá arrebatarnos será el recuerdo. Timoteo no se merece que le olvidemos. Y si lo hiciéramos, sólo perderíamos nosotros. Tampoco merece un adiós, ni un hasta siempre. Sólo un hasta luego, hasta ese luego que en su vida era siempre enseguida.

Timo, Amigo, hasta luego. Ojalá yo pueda llegar al final de lo que me toque allí donde tú te has ganado estar por ser tú, siempre tú.

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