Me propongo

Hoy voy a usar mi blog para proponerme, como ha hecho Cascos en Asturias y como tantos otros hacen, de forma más sutil y menos directa, cuando se acerca el momento de redactar listas electorales (dejarse caer por las cafeterías y restaurantes que frecuentan las cúpulas de los partidos es la más corriente). Hoy me propongo para ser diputado regional, por ejemplo (concejal ya he sido). Total, el no ya lo tengo, y yo no voy a hacer como el exsecretario general del PP, saliendo por patas del PSOE cuando me den la callada por respuesta (tampoco espero otra cosa. Esto es más un ejercicio de redacción que una pretensión asequible).

La verdad es que ofrecerse para algo en un partido político es un ejercicio que se hace poco. No creo que sea porque los militantes sean vergonzosos, aunque es cierto que algunos sí que son modestos. Seguro que tiene más que ver con las estructuras y los procedimientos, y las muchas variables internas que influyen a la hora de hacer las listas (apoyos orgánicos, repartos territoriales, compensaciones individuales, promesas, débitos, …). El caso es que no hay costumbre, así que espero que al menos a alguien le haga gracia mi candidatura, hecha con argumentos que muchos piensan que valen para sí mismos pero que no se atreven a decir en voz alta. Y puede que hasta se sumen más sugerencias y sugerentes.

Experiencia, capacidad y ganas. Esa es la base de mi autoproposición. Nada extraño, supongo, a lo que recojan los procedimientos que les sirven de guía a los partidos para seleccionar a sus candidatos a las instituciones, porque parece lo más lógico.

La experiencia estimo que me la dan la militancia partidista y las aportaciones que desde que tengo carné he hecho. Me afilié al PSOE en 1.991, y he ocupado algunos cargos internos desde los que he tratado de colaborar en la definición de alguna de las partes del proyecto socialista para Cantabria (habrá quien diga que no, pero desde ya le digo yo que miente porque me tiene envidia). Además, he sido concejal durante una legislatura. Cualquiera que quiera saber de verdad lo que es hacer política, tiene que ser concejal de su pueblo antes que cualquier otra cosa, aunque no de igual relumbrón que ser senador o embajador en Kuala Lumpur. Los vecinos piden cosas cotidianas, su trato es cercano, y sus necesidades inmediatas. En los cuatro años de mi mandato como edil he atendido a muchos vecinos, he resuelto más de algún problema, y he presentado múltiples iniciativas con mayor o menor éxito y repercusión (para quien también aquí diga que no, tengo un dossier a su entera disposición y ahí están las hemerotecas). Eso es la experiencia, la acumulación de vivencias y la absorción de las enseñanzas que de ellas se derivan, así que ese es mi patrimonio y el resultado de mi trabajo.

Capacidad tengo mucha. Paciencia no, pero competencia para hacer las cosas con cierta calidad sí (es verdad, soy un engreído y un poco chulo, qué le voy a hacer. Y al que no le guste, es porque me sigue teniendo envidia). Soy una persona vitalmente comprometida con el esfuerzo permanente por alcanzar la excelencia en todo lo que hace. Otra cosa no vale cuando se está al servicio de la ciudadanía. El conformismo con la mediocridad y los límites intelectuales autoimpuestos no puede ser parte del pacto de representación, que sólo admite el máximo afán por generar valor en todo cuanto se hace a partir de la explotación del talento, por poco que se tenga. También es capacidad la disposición a adentrarse en nuevos campos del saber, y aprender a manejarse entre ellos. De esta también voy de sobra (ídem ut upra). Nunca me ha dado miedo asumir responsabilidades, y con la edad he ido aprendiendo a tamizar mucho para quedarme con lo importante y con lo útil, y además a divertirme ejerciéndolas, que es un estado personal y mental imprescindible para que las cosas vayan bien.

Y ganas no me faltan. Mentiría, como hacen los que hablan con la boca chica de sacrificio más allá del deseo y de deber por encima del querer, si dijera que no me gustaría ser diputado. Me gusta la política como actividad, y su ejercicio como instrumento para mejorar la vida colectiva. Estoy a gusto en ese mundo difícil pero también muy lleno de satisfacciones. Y puedo perfectamente compatibilizarlo con mi vida privada, siempre he sabido hacerlo sin perder ni un ápice de perspectiva personal.

Llegados hasta aquí habrá quien se crea que esto es una broma. Pues nada más lejos de la realidad. Va completamente en serio, ¿por qué no iba a irlo?. Si tengo todo el derecho del mundo para opinar sobre quién me gusta para qué cargo, cómo no voy a tenerlo para decir que alguien bueno para ocupar alguno soy yo mismo. Nadie me conoce mejor que yo, que sé dónde están mis límites (los de verdad, no los que te adjudican los envidiosos). Y a los que se hagan cruces por mi atrevimiento les aconsejaría menos pantomima y más mirarse al espejo, porque si más gente pidiera para sí por la misma boca por la que reproducen argumentarios y guiones, y cantan las excelencias de los demás, y se ofreciera para los puestos para los que les piden los apoyos y los votos, mejor podría valorarse el verdadero capital humano que atesoran los partidos políticos.

Así que, a quien corresponda y con toda modestia, esto es todo.

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