Critica sin entendederas

De siempre llevo fatal la critica a mi trabajo sin argumentos solventes. Dicen los que mejor me conocen que es porque me lo tomo muy en serio y porque el mundo en el que me muevo está lleno de tiburones envidiosos. Tienen razón, aunque yo diría también que es porque siempre voy de frente, no me muerdo la lengua y antepongo el éxito de la mayoría a mis miserias individuales, cosa que otros muchos no hacen.

Me desquicia tener que dar explicaciones sobre cosas obvias que son de sentido común. Por desgracia para mi, todo cuanto hago profesionalmente hablando está respaldado por su juicio de oportunidad correspondiente. Soy tremendamente pasional en casi todo, pero con las decisiones de mi trabajo no, porque tiro con pólvora del rey y me juego lo de mis jefes. Ahora que quizá fuera mucho más feliz, o mejor dicho, sería todo el tiempo feliz, si me dejara llevar por la corriente de autocomplacencia de los prejuiciosos incoherentes que en ocasiones me rodean.

Cierto es que nunca se puede tener contento a todo el mundo cuando se hacen cosas. He encontrado muchas veces que el desentendimiento de por qué las cosas se hacen como se hacen es proporcional de modo directo a la incapacidad general del que las critica sin entenderlas, e inversamente proporcional al intento por entenderlas. La soberbia que se gastan los iletrados tiene mucho que ver. Pero no dejan de afectarme, incluso a la salud, la mediocridad de las medias entendederas, los prejuicios derivados del cuchicheo, la simpleza de los que hacen un mundo sin tener ni idea, el sectarismo intelectual y la cortedad profesional de los que se comen todo el veneno que les dan de comer cuando todo eso es la única base de los argumentos para poner en tela de juicio la labor que hago. O empiezo a pasar de tanta torpeza mental o daré en loco…

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