Caña a las compañías aéreas

A veces, lo de las líneas aéreas con la cancelación de vuelos y la información sobre la cancelación, es demencial. O sobre los retrasos, que lo mismo me da. Nadie dice nada, todos se escudan en que no hay datos, los paneles juegan con las horas, y al final, tú estás tirado en una terminal de aeropuerto grande pero fría, a muchos kilómetros de casa, angustiado por tu viaje y por los que te esperan, y con todos los temores que genera la incertidumbre. Las compañías no han aprendido a gestionar la información. O lo que es peor, sí, y lo hacen así a propósito.

Hace unos días los viajeros de un vuelo a Santander a los que tomaron por el pito del sereno consiguieron plazas en otro vuelo después de cancelarse el suyo porque se amotinaron. Hubo de intervenir la seguridad del aeropuerto y la guardia civil. Es muy lamentable que la compañía se hiciera la loca y no diera la cara ante los usuarios, y peor aún que mañana o pasado pueda volver a hacer lo mismo porque nadie les ha metido una buena bronca y una buena multa por vacilar a los usuarios.

Coger un avión vale una pasta. Hasta las low cost te meten ya un buen puro como no vueles con sólo una muda en un bolsillo y a unas horas que te entran dudas hasta de que los aeropuertos estén operativos. Y lo que no debería estar en los precios es el abandono en caso de problemas. Las administraciones también se gastan un dineral en subvencionar a las aerolíneas con contratos de promoción turística para asentar rutas y conexiones. Y tal vez, estas mismas administraciones debieran tomar un papel más activo en la defensa de los intereses de los usuarios, que al fin y al cabo son los que con sus impuestos financian esos programas de ayudas.

A los ciudadanos nos termina tomando el pelo todo el mundo, pero porque nos dejamos. Si la próxima vez que Iberia, o Ryanair, o Easy Jet, o Click Air, o Air Nostrum, o la que sea, suspenda o retrase un vuelo y no diga ni esta boca es mía, los pasajeros armaran un buen cristo y pusieran denuncias por estafa en los juzgados, y obligaran a las administraciones a tomar carta en el asunto imponiendo multas y suprimiendo ayudas, a lo mejor en las siguientes ocasiones alguien de la compañía andaba más vivo para dar explicaciones y encontrar solución al problema que deja a la gente en tierra con una mano adelante y otra detrás.

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