Tres artículos de AQUÍ

Como voy vago, os dejo mis tres últimos artículos publicados en AQUÍ DIARIO CANTABRIA, donde sabéis que escribo cada viernes.

El país de Martínez Soria

Supongo que la señora de Obama estará más que acostumbrada a vivir su vida cotidiana a la lupa cotilla de todo quisqui. Por eso, no habrá alucinado ni la mitad que cualquiera con dos dedos de frente a la vista del revuelo popular que han montado sus vacaciones en España. Lo de esta mujer por tierras del sur ha sido lo más cateto y pueblerino que se recuerda desde que Paco Martinez Soria llegara a la Costa del Sol desde Valdemorrillo del Moncayo para copiar su forma de fomentar el turismo. Más que nada por la masa de gente a codazos para verle vestido y calzado y largar en voz alta lo guapa y delgada que está, pero sobre todo por ese rendibú indecente que muchas autoridades de tercera fila le han dedicado. (Pincha AQUÍ para leerlo completo).

Los repipis.

Ahora que los estándares educativos son más laxos que cuando yo estudiaba EGB y BUP (no he dicho peores, solamente que son menos profundos), las diferencias entre los buenos y los malos estudiantes se notan menos. En mi época, los empollones sobresalían mucho, se les veían a la legua. Eran los repipis de la clase, que caían mal a todos, hasta a los propios profesores que terminaban hartos de ellos porque buscaban cualquier ocasión para poner de manifiesto que sabían mucho más que el resto y por eso eran mejores. Coleccionaban cosas raras (cromos no, claro) y no jugaban al fútbol en el patio. Incluso sus padres les peinaban con raya al medio, y les ponían zapatos y pantalones de pinzas y polos de Lacoste para diferenciarlos de la morralla. (Pincha AQUÍ para leerlo completo).

No saber estar.

El sábado pasado estuve en una boda en el Palacio de La Magdalena. Desde hace unos años las celebran allí también en verano, a pesar de que las instalaciones son usadas para los cursos de la UIMP. Justo cuando estábamos entrando, un coche se plantó en mitad de la explanada, del que se apeó uno de los vicerrectores montando un cirio porque alguno de los invitados le había ocupado su plaza de aparcamiento. Llamó al guardia de seguridad y elevó el tono de voz por los pasillos reclamando al personal de protocolo del ayuntamiento que exigieran a quien fuera que retirara inmediatamente el coche de su sitio. Se hizo notar sin necesidad, en un contexto en el que tanta beligerancia estaba de más. Por cierto, que este señor es el mismo que en una ocasión, en la sala de fumadores del aeropuerto de Parayas, no tuvo más ocurrencia que desenchufar la máquina de tabaco para conectar su portátil, y encima también la armó cuando los empleados le afearon el gesto mientras él demandaba, con grandes aspavientos, descalzo y con el cinturón desabrochado, que pusieran a su disposición un enchufe que no había. (Pincha AQUÍ para leerlo completo).

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