Mi mundo en un anuncio

Desde que cerró la fábrica y me quedé en el paro, el periódico ya sólo tiene para mí las páginas de los clasificados. Busco un trabajo, pero sobre todo una compañía. La soledad agota mi tiempo más que no tener nada que hacer. Cada día, escojo dos o tres anuncios de contactos al azar, y marco los números de teléfono sin decir nada. Tan solo escucho. Me he creado un mundo de fantasías en el que me evado con las voces de las chicas que contestan. Suelo cortar la llamada enseguida, muchas veces porque en realidad quien responde es un contestador automático, aunque eso a mí no me importa. Lo que me da vitalidad, eso que envuelve mis sueños, es el calor de las voces, la sensualidad de las palabras, la sugerencia de las propuestas. Al menos, durante un rato, tengo eso. Siempre me digo que quizá un día sea capaz de mantener la llamada hasta el final, hasta que María, o Lola, o Sandra, y no una máquina, sean las que me digan cosas bonitas, y pueda yo compartir con ellas mis pensamientos y mi soledad. Quizá algún día.

“Concurso de relatos sobre anuncios clasificados de tablondeanuncios.com”

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