La gaviota

Hoy, una gaviota (dice un amigo que seguro que popular, que vuelven a volar bajo) ha tenido a bien hacer sus cosas mientras volaba justo sobre mi. De derecha a izquierda, me ha regado, que suele decirse. A escasos cien metros del curro, he tenido que darme la vuelta, volver a casa, cambiarme de ropa, poner la lavadora y volver a andar el camino desandado. Una cachonda de compañera, después de mearse de la risa, me ha sugerido que eso da buena suerte. Otra, también después de las carcajadas, que seguro que la mierda del pájaro me ha destrozado el jersey porque es muy ácida. Lo que más me sorprende es que no me he inmutado. Con toda la dignidad que puede tenerse después de que un bicho te cague encima, me he girado en el paso de peatones, y he regresado a ponerme otra ropa y la lavadora. Quizá lo único que me ha preocupado es que la gaviota me ha manchado unas páginas interiores del libro que iba leyendo. Pero me ha durado lo que han tardado en secar sin quedar rastro. A ver si con un poco de suerte cuando el jodido animal llegue al nido descubre que es uno de los que ha quitado la empresa que tiene el ayuntamiento para reducir el censo de gaviotas (que es el eufemismo que se usa para decir que se las está exterminando, que yo lo veo estupendamente).

(Ayer por la tarde había una mini-reunión de escalera en el portal. Estaban el del cuarto, el señorín mayor del 2º, una señora que yo creo que vive en el sexto y, cómo no, la limpiadora. Pero faltaba la del 9º. Quizá había salido a hacer la compra, o se estaba echando un sueño en el cuarto de contadores…).

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