Vecinos en el portal

Definitivamente, mi vecina del 9º se ha bajado a vivir al portal. De las seis veces que ayer salí o entré al edificio, cuatro estaba ella allí, charlando con algún otro vecino. De la mañana a la tarde se había cambiado de ropa, lo que quiere decir que se ha mudado con todos los pertrechos necesarios. Es una señora un poco rara. Rondará los 75 años, y va siempre muy pintada y florida (que no tiene que ver, la verdad, pero en la gente mayor llama la atención). Dicen en la escalera que está trastornada, que en las reuniones de comunidad suele plantear cuestiones un tanto estravagantes, y que resulta una persona bronca y difícil. Me pregunto yo, siendo la mujer así y si de verdad ha convertido el portal en el salón de su casa, quién va a ser el guapo que le dice que eso no se puede, que afecta a la convicencia y a la normalidad vecinal (estas palabras seguro que las usaría el que hace de jefe de escalera, que por cierto le llamaría también la atención porque vivir en el portal aumenta el gasto en luz, y eso sí que no).

Las tertulias de portal me llaman mucho la atención. Allí se juntan la limpiadora, que también está siempre en el edificio (esta debe vivir en el cuarto donde guarda las escobas), ahora la del 9º, y cualquiera del resto de los que llevan allí viviendo desde que se contruyó, y se pegan sus buenos minutos cascando. Casi siempre, poniendo verde a alguno del resto de los vecinos. No me suelo parar mucho, para que no me introduzcan en la conversación y me comprometan a decir lo que pienso de casi todos ellos. Luego, en casa, hago repaso mental de quiénes estaban y a quién me  ha parecido que le hacían un traje, y resulta placentero comprobar que se lo hacen entre todas las que pasan por el ciclo de tertulia. El ser humano es maravilloso…

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