Bodas, memorias y patos

Hoy no cuenta la prensa que ningún pirado japonés se haya casado con su colchón de látex, ni con su pez naranja de agua caliente. Pero he estado pensado que por lo que pulen los brillos de sus coches tuneados los macarrillas en el túnel de lavado del elefante los fines de semana, seguro que estarían más dispuestos a casarse con ellos que con sus chonis rubias con botas de Pocajontas.

He decidido que voy yo también a tener un pen drive con cosas comprometidas dentro. El qué considero comprometido lo iré viendo poco a poco. Porque para ser alguien en este país, hay que tener una memoria usb que no sueltas ni para dormir. Los chorizos estos del Gürtel tenían una, y gracias a ella se la han cargado con todo el equipo. Los Presupuestos del Estado, y de las Comunidades Autónomas se presentan en modernas memorias de colorines. Yo tengo dos cajas llenas de ellas, en todos los formatos, materiales y capacidades posibles. Así que voy a escoger una bien cantosa para hacerme el importante. La perderé a la primera de cambio, pero hasta entonces alimentaré el misterio y crearé una leyenda.

En The New York Times han publicado un artículo de siete mil y pico palabras sobre si los animales pueden o no pueden ser gays. Tiene que haber de todo entre los que se aburren, incluidos los investigadores que han estado siete años mirando como imbéciles qué hacen dos patos del mismo sexo (por poner un bicho) en la época de celo. Qué devaluada está la ciencia. El estudio concluye que en el caso de las hembras de albatros sí se da la homosexualidad. Y ahora querrán el Premio Nobel. Tela.

(PD. Mañana, queratotomía arqueada en el ojo izquierdo. Es decir, dos cortes con un radio de 180 grados en la córnea….)

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