¿Trabajan poco los diputados?

Ayer leí que Paquirrín, ese pedazo de currante que tiene de hijo la Pantoja, ha dicho que él quiere “trabajar poco y ganar mucho”. Lo volqué en mi Twitter proponiendo que para eso lo mejor es que se hiciera diputado, y algunos de mis colegas de Facebook salieron al quite (de los diputados, claro). Yo lo que quise era provocar, que es muy mi estilo, no decir que los señores y señoras diputados/as son una pandilla de vagos. Porque que trabajan, los hay. El problema está en que el común de los ciudadanos piensa de forma mayoritaria que son unos zánganos, que se lo llevan caliente por no dar palo al agua. La verdad es que esas imágenes del Congreso medio vacío en ocasiones no ayudan a mejorar esta idea, aunque tampoco es menos cierto que la actividad parlamentaria tiene muy muy poco predicamento entre la ciudadanía (o ninguno, vamos).

Digo yo que el problema no estará en los que opinan que algo más ya podrían hacer, que son legión, sino entre los que sí que lo hacen, que debieran venderse mejor. O sea, algo así como que menos quejarse de lo que piensan los que luego votan (que por eso siempre habrán de tener razón) y más demostrarles que en algunos escaños del parlamento (seguro que en la mayoría de ellos) se sientan auténticos trabajadores que se dejan la piel allí y en sus circunscripciones. Que esta es otra, que hay diputados y senadores a los que no les pondrían cara en sus provincias ni aunque les enseñaran su foto entre la de un mono y un elefante.

El problema de la generalización, en todo, es que pagan justos por pecadores. Nada más cierto. Pero en evitar que la creencia popular de que los políticos con cargos públicos gana un pastón, trabajan casi menos que Paquirrín, viajan gratis y viven del lujo y las prebendas, deben aplicarse los que saben que eso no es así. Y quiénes mejor que ellos mismos para romper esta tendencia del pensamiento.

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