Chusqueros y empresarios

(Artículo publicado en la sección EN LIBERTAD de  Cantabria Confidencial. Picha aquí para leerlo en el propio medio

Cada día que pasa estoy más convencido de que en este país, si no eres un canalla no triunfas. Para convertirte, aunque sólo sea por un rato, en empresario de moda al que todos hacen la pelota y ponen como ejemplo de hombre hecho a sí mismo, tienes que ser un sinvergüenza con pintas y menos escrúpulos que un empleado de funeraria, capaz de dilapidar dinero ajeno como quien oye llover, y luego soportar sin pestañear que las consecuencias caigan a las espaldas del procomún conseguido con lo que aportamos los pringados desde nuestras nóminas de empleados que llegan justo a fin de mes. Que le pregunten si no al dueño de Air Comet, que ha dejado en tierra, previa evaporación de lo pagado por los billetes, a más de 4.000 viajeros. La broma nos ha costado a todos casi siete millones de euros que de nuestros impuestos ha puesto el Ministerio de Fomento, mientras supongo que el tipo este se fumaba un puro y urdía su siguiente estafa.

Por suerte, España tiene muchos y buenos empresarios, más que los quinquis estos de medio pelo, que son esos a los que llaman pequeños y medianos, pero que curran como grandes. No necesariamente facturan millones de euros, pero sostienen la economía nacional con tesón, esfuerzo personal, compromiso y mucha ilusión. Son a los que desde que estalló la crisis, los directores de banco se les han puesto cuesta arriba a la hora de conseguir que les mantengan las líneas de crédito para aguantar el tirón. Esos que con muchas facturas pendientes, están manteniendo varias familias porque son como la suya. Los que no quieren acogerse a los mecanismos de la administración para cobrar con descuento antes de los demasiados meses que tardan en pagarles, porque no saben si sentará mal y dejaran de llamarles. Los que no salen en las gráficas de curvas ni en las tablas de porcentajes de los suplementos naranja de economía de los fines de semana, pero tampoco en las páginas de sucesos nacionales porque bancos extranjeros les embargan sus negocios ni tienen que renegociar préstamos sindicados de varias decenas de millones, dejando a miles de clientes y de empleados en la calle.

Estos emprendedores, que se apañan con lo justo porque en el fondo no tienen la desfachatez de los grandes para hacerse ricos a costa del esfuerzo de muchos y del dinero de otros, miden sus ERES en la balanza del sufrimiento personal porque a los que dejan tirados cuando se les viene abajo el negocio y tienen que cerrar son empleados con familias a las que seguro que conocen y tratan.

Dicen los estudios económicos de algunas divisiones de banca que hacen estudios para justificarse (todas predijeron la crisis cuando ya estábamos hasta las cachas metidos en ella, y dan plazos para superarla tan largos como la mano con la que han estado apañando fondos del estado para salvar sus cuentas y los bonus de sus directivos) que en lo que va de año han desaparecido más de 200.000 pequeñas empresas. 200.000 tragedias que no han salido en los telediarios más que para ambientar estadísticas. Las imágenes de los timados en Barajas por Díaz Ferrán, que para más espanto es encima el máximo representante de la patronal en España (lo que dice mucho de él y de los que le animan a que no dimita), esas sí han gastado minutos de televisión, aunque ninguno para dar por hecho que este señor entrará en la cárcel por chorizo o que nos devolverá a los impositores del Estado el desembolso de sus tropelías financieras. Al final, los provincianos con traje que se pasean por los despachos alfombrados de los grandes ejecutivos de la banca para conseguir pólvora del rey con la que disparar sus chanchullos, siempre salen limpios de polvo y paja, mientras que con cada pequeño empresario y con cada autónomo que cierran sus negocios, una familia las empieza a pasar putas.

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