Relojes de cocinar

Qué risa. Cuando en una tienda de cacharreros encuentro relojes de esos que se usan en cocina para controlar los tiempos de preparación del condumio, programo tres o cuatro para cinco minutos y luego escapo. En la calle imagino la cara del personal cuando echen a pitar, y me parto yo solo. Esos relojes son tan útiles como ridículos. Suelen tener formas de gallinas, de huevo, de panes, de teléfonos, todas escandalosamente imposibles. A mi me chiflan. Disfruto como un crio con mi sencilla trastada. Ja ja ja ja.
Hoy programé dos en una tienda fina del centro, una especie de horno microondas de plástico, a cinco minutos. Pero al ir a poner el tercero, un peso antiguo de tienda de ultramarinos, la mierda del chisme se quedó trabado en tres minutos. Y al tratar de dar marcha atrás, encima me he quedado con el mando del reloj en la mano, así que hemos tenido que salir pitando como malhechores. Hemos llegado a la puerta en el límite y sin poder ver lo que habíamos entrado a ver, pero el despiporre en la calle ha sido mayúsculo. Qué le voy a hacer. Soy un eterno payaso. Y lo bien que me lo paso no me lo quita nadie.

3 Responses to Relojes de cocinar

  1. Libertario dice:

    Victor a ver si resulta que aunque milites intelectualmente en la socialdemocracia en realidad eres un acrata…

  2. Víctor Javier dice:

    Más que un ácrata, yo me veo un gamberro. Y mira que muchas veces me digo: Víctor, que no tienes edad para estas trastadas…

  3. josé luis dice:

    Ni payaso ni ácrata, este tio es un “pandillero”.

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