Spam evolutivo

De un tiempo a esta parte, los spam de mi correo profesional ya no son de viagra y productos de farmacia para estimular la virilidad. Han cambiado, y ahora me ofrecen monedas de oro y fajos de billetes para gastar en casino virtuales. Está visto que los motores de envío masivo de correos, mientras creen que eres joven piensan también que cualquier disfunción en el campo de lo sexual (en lo que viene a ser la pelea uno a uno entre sábanas, sudor y gemidos) te puede amargar la existencia, y que a partir de cierta edad, como ya supone que la tienes amargada, lo suyo es convertirse a la ludopatía y pulir el dineral ahorrado como un viejo solitario en el black jack y la ruleta. Hasta el filtro del servidor da por hecho que esto ya no entraña peligro, porque deja colarse muchos más de los que lo conseguían cuando el ofrecimiento venía de la boutique de las pastillas del amor.

Los mensajes sutiles y muy científicamente profesionales del pastillaje se han convertido en peloteos sobre tu condición VIP en el casino (todos son Royal, por cierto, que debe ser que estimula más la fantasía del oropel y el lujo asiático) o el metal de las monedas que te regalan, o el brillo de las fichas que te han tocado en un sorteo entre otros VIPs para gastar en las cartas y las tragaperras. Tocomocho por ciencia y química, vamos.

No se me ocurre hacia dónde irá el siguiente cambio en la tendencia del bombardeo de correo electrónico. Porque las dos que he sufrido hasta ahora tocan los dos instintos más bajos del hombre, el sexo y el juego (y los que si se gana, más placer reportan y más momentos de abstracción con la boca salivando como un volcán). Aunque sin nuevas cataratas de molestos correos en cadena no van a dejarnos.

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