Tendal nuevo: 230 euros

Ayer me han cambiado el tendal de casa. El que había estaba dando las últimas: le costaba girar, chirriaba, y las cuerdas no garantizaban encontrar la ropa allí y no siete pisos por debajo al ir a quitarla. Así que recogí del portal un papelito con el número de un señor que los instala y le llamé. Muy profesional, se presentó quince minutos antes de la hora acordada y sin el modelo que yo quería. Bien es verdad que él no sabía a priori cuál iba yo a escoger, pero también que por teléfono me aseguró que en la furgoneta los llevaba todos.

Por ahorrarme explicaciones científicas sobre cuál me iba mejor al carácter o a mi complexión física, o al tipo de ventana y altura, que estos especialistas son capaces de todo con tal de colocarte el producto, le señalé directamente el de mi vecina de abajo: “como ese” (habíamos estudiado el día anterior varias versiones en el patio, y descartado desde el principio el de toda la vida con un plástico cogido con pinzas, el de la vecina del 6º nos pareció el más adecuado). El tendalero torció el morro y como una exhalación se sacó del bolsillo una fotocopia de la foto de “lo último”: una cosa que sube y baja como una persiana, que queda horizontal pegado a la ventana, más grande y más sencillo de manejar, a su juicio, que uno de los de girar. Deduje que al hombre le han colocado una partida del invento y no sabe qué hacer para venderlo, porque en verdad parece complicado tender allí la ropa, además de que de recogido te inutiliza la ventana. No logró convencerme, pero le sirvió de pié para darme el precio y provocarme un soponcio: el extensible de bajar que te enreja el ventanal 200 euros, y el modelo que yo había escogido ¡¡¡ 230 ¡!!. Porque acababa de comer, que con el estómago vacío me caigo redondo al suelo seguro. ¡¡¡ 230 euros por un tendal ¡!! Eso sí, salida y mano de obra incluidos, que no entiendo yo cómo podría ser de otro modo (aunque por el precio podría hasta entenderse que el tendal se pusiera solo). Madre mía.

Como un señor, le dije que adelante, que será por dinero (¡¡¡ 230 euros ¡!!), que me colocara el tendal de la loneta incorporada, igual que el de mi vecina del sexto (he contado 1.150 euros en tendales en el patio sólo del modelo fashion). Y eso hizo, aunque yo no lo he visto porque hube de irme al tajo. JM se quedó al mando del fiestón del gasto. Por lo visto, el señor acabó, dejó los restos del viejo tendal en el suelo, arrinconados contra la pared (no debía ir en los 230 del ala la retirada de la chatarra), recogió su tela y no dejó ni tarjeta de visita. Eso sí, ahora tengo un tendal que para aprender a abrir y cerrar hay que hace un cursillo, que compite en lustre con los del resto de los vecinos, y que me ha costado lo mismo que dos meses de alquiler de mi plaza de garaje cerrada en mi edificio, y que confío no acabe en el patio caído después de dos usos, o arrancado de cuajo de la pared tras una ventolera.

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