Publicidad y NO

15 julio 2009

En una mano, llevaba yo una bolsa, con los dedos dormidos en las puntas por el peso. Los que me conocen, saben que el 80% de mis recorridos los hago hablando por el móvil, así que eso hacía con la otra: sostener el aparato. De frente, una chica repartiendo publicidad (un folleto grande, de una constructora). De lejos me dije: verás, Víctor, como esta lila pretende que le cojas el pasquín. Oye, ni que me hubiera leído la mente. Ahí que se viene hacia mí y empeñada que estaba en darme librillo. Hasta me persiguió un par de metros. Bien de ganas que me dieron de preguntarle si era imbécil y no había visto que no tenía con qué cogerle la puñetera publicidad, pero en el fondo pensé: déjala, que entre el sol, vigilar las cajas de cartón con los folletos, poner sonrisa, alargar la mano, y todo ello durante cuatro horas, bastante tiene, la pobre. Ahora que un poco de cabeza tampoco le vendría nada mal.

He anotado en la pizarra de mi despacho en grande la palabra “NO”. En mayúsculas y bien perfilada con rotulador, para verla en todo momento y desde todos los ángulos. Esa debería ser mi solfa para tantas cosas. NO. Porque dices que quizá, y la gente te escucha sí. Y si no dices nada, también escuchan sí. Así que lo mejor es decir NO. Voy a aplicarme a decirlo, sobre todo en algunas circunstancias del curro, que ya estoy harto de tanta rechifla que luego acaba en las pecheras de otros, o lo que es peor, directamente en la basura.


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