No había 0’42

Hace unos días me soplaron un pedazo de notición: un consejero del Gobierno había caído con una notable nota de 0’42 en un control de alcoholemia en Santander. Vaya, me dije, y si no he leído nada en la prensa, una de dos, o no aún no se han enterado (que ya sería raro en un país de porteras y malaleche) o se lo están tapando a cambio de vete tú a saber qué para el futuro (esto no es nada raro, sino más tirando a lo habitual entre los medios). Así que empecé a twittearlo, con mucha precaución de no dar un nombre que diera con mis huesos en el juzgado de guardia, y se lo casqué a un par de diputados conocidos. Como surgiera la duda de que la noticia fuera cierta en todos sus extremos (lo que viene a ser en la práctica sobre el tipo que tuvo que soplar), contrasté, y se me ratificaron: el sábado, un consejero había pimplado más de la cuenta.

Hoy he sabido que del asunto, nasti de plasti, que no, que no es cierto. Y se me ha quedado cara de tonto. Porque la noticia venía de dentro del cuerpo, y porque quien me la ratificó preguntó más dentro todavía. Se me ha jodido el scop. Menos más que no dije de quién podía tratarse, porque si llego a hacerlo me veo con el bigotes (el amiguito del alma de Camps) tomando el sol en El Dueso.

Cuánta mala baba recorre esta tierra de Dios. Y que pardillos somos algunos, que entramos al juego de los que de la confusión hacen maldad, ensañamiento y escarnio. Si la noticia siguiera de taberna en taberna, en cuatro días se cargan el prestigio del consejero, que es eso tan fácil de perder y tan imposible de obtener jamás.

En resumen: me han engañado (o mejor dicho, me he dejado engañar) y no hay consejero del 0’42. Mil disculpas.

Los comentarios están cerrados.

A %d blogueros les gusta esto: