Zerolo en todas las salsas

Estoy harto de Pedro Zerolo. Hace años tenía su qué que fuera el portavoz único del movimiento gay, pero a estas alturas del recorrido está más visto que una sueca en una película de Mariano Ozores (el chiste no es mío, pero a Zerolo le pega más que el tradicional de “más visto que un TBO”). En el PSOE, la pátina de reivindicador de los derechos de los homosexuales le homologó para estar en la dirección y hasta para ser concejal de Madrid (he oído decir a alguna mala lengua que tuvo la insensatez de proponerse como candidato a alcalde en las últimas municipales, que ya hubiera sido la traca que lo hubiera conseguido), y en el mundo rosa se ha convertido en la crema de todos los pasteles. De la que empacha por mucha y provoca gastroenteritis por mala.

Soy de la opinión de que esto de la lucha de gays y lesbianas debe reorientarse, y recuperar ese tono de protesta real de la calle de las primeras manifestaciones allá por el 2.000 (por ejemplo, lo digo en este artículo de Opiniones Libres). Con menos comercio, menos fantasmas, menos apalancados, menos modernas de cartón, y más realidad, más defensa de lo alcanzado, y más humildad de los que ayudaron a conseguirlo (porque con ellos dimos la cara unos cuantos que no vamos de estrellas del chá-chá-chá). Quizá sería el momento también para que Pedro Zerolo dejara el trono de pladur en el que se pasea por la vida encantado de haberse conocido, y otros menos fosilizados tomaran un relevo absolutamente necesario para recuperar posiciones que se están perdiendo entre tanto photocall y tanta tontería.

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