¡¡¡Colárseme a mí!!!

3 julio 2009

El otro día, en Ikea, una mamarracha se quiso colar en la fila de la caja. En realidad, del servicio de autopago (tú pasas los artículos, los abonas, firmas y te piras. Lo último en el territorio Ikea-lo-haces-tú-todo). Estábamos justo en la línea de “espere su turno” y un tipo en pantalón corto y chancletas (¿habrá una vestimenta con peor gusto?) nos pasa por la izquierda tan pichi buscando máquina libre. Le hago notar que esos dos bultos que están justo a la entrada de la zona de cajas somos nosotros, que por supuesto estamos antes que él para usarlas. Se da la vuelta, sin disculparse (para qué) y es la imbécil de su mujer la que toma el relevo. Con cara de lista nos dice que “aquí hay que pagar con tarjeta”. Activó el mecanismo “Víctor-se-la-come-con-patatas”. Ja, conmigo fue a dar, que las pillo al vuelo y me dije “la petarda esta insiste en colarse y pretende hacerlo dialogando como si ella fuera de capital y nosotros de pueblo”. Así que me remangué, puse mi mejor no-sonrisa, el más colorido de mis tonos de voz de borde, y me fui a por ella. “Ya, ¿y qué?”, respondí sin mover más que los músculos de los labios. “Pues que si no vais a pagar con tarjeta tenéis que ir a una caja normal”, insistió. “Pagaré con lo que haya que pagar, que para eso me he puesto aquí y estoy el primero y antes que tú”, regurgité. Y fin de la conversación. El resto fueron murmullos de la petarda con su marido (calvo, blanquecino y regordete, seguro que cinco años más joven que yo pero representando 10 más), el pasar de nosotros a lo nuestro (ticar, pagar y largar), y el atascarse ellos en su máquina porque no fueron capaces de manejar la pistola lectora de códigos. ¡¡¡Encima!!!

Moraleja: si te vas a colar hazlo con estilo, no con retintín de vieja resabida. Y ojito con tratar de hacérsela a Víctor. Caca, nene.


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