Falta de decoro en el Parlamento

Como en el Parlamento nacional da para aburrirse un huevo, el cachondo del presidente Bono ha tenido la ocurrencia de prohibir la entrada al Congreso con “vestimentas indecorosas”. Lo mismo que hacen los curas de pueblo, vamos, que se ponen como focas cuando alguien entra en su iglesias en pantalón corto, o con los hombres descubiertas, o con una gorra puesta. Como si el hábito hiciera al monje, y lucir chanclas lo convirtiera a uno en un falto de respeto. Amén de que ya dirá Bono qué entiende él por indecoroso. Casi mejor sacar una lista de ropajes y colores que se puedan lucir en el Congreso: falda larga hasta el tobillo las mujeres, negra por supuesto, quizá con mantilla española;  y terno gris marengo con camisa azul claro y corbata, negra también, los hombres (como los funcionarios del régimen). Y si entra el clero o el ejército (como antes del 78), de rigurosa uniformidad de gala (incluidas capas, dorados, medallas y sombreros al uso). Supongo que mejor olor a naftalina que a perfumes modernos, o incluso a incienso o a esa peste a rancio que suman el cuero viejo, los espacios cerrados y la falta de ventilación.

De acuerdo con el diccionario, indecoroso es todo aquello que ofende al decoro. Y decoro dice la RAE que es “el honor, el respeto, la reverencia que se debe a una persona por su nacimiento o dignidad”. Si cambiamos persona por Parlamento, quiero creer que tendremos la acepción que ha escogido Bono para sacarse de la manga la orden de prohibición de entrada. Aunque digo yo que puestos a cerrar la puerta, quizá a algún diputado podría aplicársele el cuento de lo indecoroso incluso aunque se presente a las sesiones vestidos de chaqué.

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