Qué afán por ilustranos

Hoy quiero agradecer a los medios de comunicación ese afán informativo que está estos días llevándoles a radiar minuto a minuto los múltiples problemas técnicos de los aviones de modelos similares al que se cayó en el mar en el vuelo Brasil-Francia. Da gusto ver cómo se preocupan por aumentar el conocimiento científico de la inculta ciudadanía, presentando en sus crónicas un amplísimo cheklist de fallos de motores, navegadores, altímetros, potenciómetros, velocímetros. Y ayudando al mismo tiempo a generar confianza y tranquilidad a los que vuelan.

En realidad yo lo que quiero es cagarme en sus padres. Dentro de unos días me desplazo a Barcelona y a Madrid, y al menos en uno de los trayectos me he de montar en un Airbus. Me acordaré de todos ellos con cada crujido y cada pitido que yo crea que no es normal. Y estaré muy pendiente por la ventanilla de que no sale humo de ningún sitio, que los flaps y los slats están en posición correcta, y que a las azafatas no se les muda el color a amarillo con las turbulencias. Haré eso y contener el pánico sin mearme del miedo. O mejor aún, intentaré directamente no mearme porque el miedo ya me lo llevo puesto gracias a todos estos cabrones de informadores.

Con cada accidente pasa lo mismo: un imbécil que hace sucesos se convierte en perito técnico avanzado y desmenuza el proceso constructivo del aparato de que se trate, los fallos que dio en las pruebas, las veces en la historia que ha explotado algo similar, la edad de los componentes, la mecánica del accidente, e incluso se atreve con gráficos en movimiento y de colores con lo que el listillo dice que ha pasado. Luego rememoran las vidas de los muertos, sus futuros truncados, y los fallos sin importancia que dicen que alguien dijo que el chisme había dado días antes. Sin pasar por alto las truculentas fotos de la recogida de cadáveres y de las explicaciones sobre las laboriosos y durísimas tareas para identificarlos. Pues yo me vuelvo a cagar en sus padres. Podían meterse la pluma o el teclado por ahí mismito y dejar de hacer prensa amarilla para que se nos descompongan las tripas a los que le tenemos más miedo que a un nublado a subirnos a cosas que vuelan, que ya sabemos los riesgos de ir con el culo sobre unas chapas de metal que se aguanta en el aire por ciencia infusa. ¡Coño ya!

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