El secreto

Me dejó pasmado anoche un tipo en un programa de Antena 3 llamado “El Secreto”. La dinámica consiste en sacar a un rico de su mundo y meterlo en otro de dificultad, miseria, de pobreza, para que se haga una idea de lo que hay por ahí. A Joaquín Torres, un arquitecto al que le va de madre (vive un una casa de 1.700 metros cuadrados y tiene 6 personas de servicio), lo pusieron a currar de voluntario en una ONG que ayuda a enfermos de VIH y en otra que hace traslados de mayores e incapacitados físicos, viviendo además en una casa de acogida de gentes sin hogar. Tuve la piel de gallina la hora y media que me chupé delante de la tele. Lo que pudo sufrir ese hombre viendo lo que veía, y lo mal que lo pasé yo viéndole pasarlo mal. Se vino abajo cada uno de los cinco días que le duró el experimento.

Se le notaba el estatus. Le dieron 60 euros para apañarse toda la semana con la comida. El primer día quería comprarse un kilo de mortadela y otro kilo de pavo. Confesó que hacía como 20 años que no iba a la compra. El último día tuvo que negociar con el dueño de un restaurante para que le menú de 8 euros y pico se le quedara en los 6 y algo que le quedaban. Terminó con 22 céntimos en la cartera, y se hacía cruces para explicarse cómo se puede vivir con esa cantidad. Se la habían calculado en función de la renta mínima de inserción que se cobra en España, algo que seguro que él ni sabía que existía.

En la parte final del programa, cuando se desvelaba el secreto, hizo donaciones a la casa de acogida y a las dos ONGs por valor de casi medio millón de euros (arreglos de la casa de acogida, un local para los voluntarios de los traslados, y cheques para los próximos diez años). Y a un voluntario al que cogió especial cariño le regaló un piso de 150.000. El tío tiró de chequera con una generosidad pasmosa.

Estoy asombrado con el arquitecto Torres. Con sus modos finos y elegantes llorando como una magdalena cada dos horas viendo la miseria que tenía alrededor pero también notando el esfuerzo de cariño que hacían los voluntarios. En los últimos diez minutos se le veía feliz repartiendo la pasta y comprometiéndose a seguir siendo benefactor. Estas cosas le reconcilian a uno con la vida, probablemente no tanto porque te haga más solidario como por el hecho de que a un rico se le abran los ojos y además acoquine la pasta que se le sale por las orejas.

One Response to El secreto

  1. juan antonio dice:

    Lo importante es que la gente con pasta suelte algo para ayudar a los demas y a construir cosas, que muchos tienen mas dinero del que se podran gastar em varias vidas.

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